En el último aviso de la revista Play Boy muchos creen leer un mensaje machista. Dice: “Desnudamos a la mujer con la que soñás, no con la que dormís”. Los respectivos maridos de Pampita, de Dolores Barreiro y de algunas otras bellas podrían desdecirlo. Para ellos es al revés, duermen con las del sueño. No son los únicos. Podría haber otros hombres que no duermen con la mujer que no sueñan. Aunque a lo mejor no se dan cuenta y eso es lo triste. Un aviso al revés, no machista, sería: “Desnudamos a la mujer con la que dormís, no a la que te despierta del sueño”. El despertador no le gusta a nadie. Los diagnósticos médicos también pueden ser machistas. Por eso el doctor Nelson Castro fue capaz de diagnosticar en el diario Perfil del domingo, una lipotimia más grave de la Presidenta sin necesidad de revisar a la paciente. Si el diagnosticador tuviera buenas intenciones, ya que iba a fantasear podría haber fantaseado una lipotimia más leve que la que fue difundida oficialmente. Pero no. Para fantasear y poner en tapa mejor una grave, que haga sospechar alguna consecuencia amenazante. También para poner en tapa en el diario La Nación no hay nada como una novela. Es su nueva tendencia superadora. Personalmente me resulta más atractiva que el criterio solemne republicano de tan vasta somnolencia. Ojalá se profundice la tendencia novelesca; aunque no es común hacer gambetear a opinadores tiesos que entran a la cancha derechos con posturas de yeso.
La ficción referida se publicó el martes 13 y es entretenida porque el autor gambetea. Jorge Fernández Díaz, de él se trata, parte de un argumento falso para relatar “El fin del falso progresismo”. Son las licencias del género no científico. Nace del supuesto de dar por sentado que todos los progresistas del país han sido defraudados por Kirchner. Y además dar por sentado que todos los gestos sociales y de derechos humanos del Gobierno son hipócritas. Aun si hipotéticamente eso fuera cierto, no le quita sus virtudes y beneficios a los gestos. El argumento de la nota es que el protagonista Néstor Kirchner nunca fue ni es ni será lo que tantos se creyeron, y que fueron instados a degustar ingenuamente la falsa “papilla” que él les daba en la boca. ¿Por qué esos tantos no consultaron antes al sagaz novelista y evitaban defraudarse? El recurso ficcional sería desaprobado en cualquier curso de periodismo básico: no identificar por su nombre a las varias fuentes reveladoras merecería un aplazo. Pero el periodismo está hoy en una nueva etapa transformadora. Esconder una fuente, pasa, pero varias al hilo es un abuso de la fantasía creativa.
Sin embargo, a Jorge Fernández Díaz le bastan varios “almuerzos” para justificar lo que presuntamente pensaba, decía y hacía Néstor Kirchner, con alusiones inciertas como éstas: “Durante muchos años de menemismo tardío y alianza reluciente , Néstor Kirchner se reunía con uno de sus principales aliados nacionales, hoy desterrado de su gabinete y del país y hablaba a los borbotones” (...) “Dos meses después de la llegada de Kirchner a la casa rosada almorcé con otro miembro de su entorno”(…) “Por aquellos tiempos almorcé también con un ex jefe de la organización Montoneros”(…) “El ex jefe se había convertido en empresario y ahora me citaba para contarme sus múltiples negocios”(…) “Otro amigo mío que militó en la Juventud del Partido Comunista”.
¿Quiénes son?, ¿cómo se llaman esos interlocutores supuestos? Y aquí va otra fábula realmente increíble destacada en el texto: “Las posiciones progre vienen dominando históricamente el gremio de la prensa escrita”.
Esacto. Y la prueba es el diario La Nación, donde últimamente han recalado todos los progres. Aunque es probable que el autor se refiera al personal de maestranza. En cuanto a que el Gobierno “echó de la televisión a Jorge Lanata y Alfredo Leuco, y de la radio a Pepe Eliaschev”, si es cierto, los beneficiaron: ahora les rinde más el trabajo de opositores. Vayan a preguntarles si les conviene más ser oficialistas. No son sonsos. Tienen más auspiciantes y cachets que antes. Y se lo merecen. Fernández Díaz acaba de merecer de parte de Jorge Asís un sermón por esa misma crónica que refuto más arriba. Bajo el título “En La Nación no roban pero copian” (sin dejar de recomendar el artículo) advierte que en él se cuelan algunos plagios evidentes a anteriores textos de Asís en su portal digital. Según el ingenioso “jardinero” de Quilmes conceptos de su creación como “montaje y simulacro kirchnerista”; “a la consigna ´roban pero hacen` la suplantó ´roban pero condenan...o enjuician”; “menemismo tardío” etcétera, son usados sin citar al maestro creador. En tamaño micro, claro.
La advertencia de Asís de que esas ideas vertidas en la crónica por Fernández Díaz son suyas no le impiden reconocer que ser “copiado” en el diario La Nación constituye un privilegio. Por tan poco no parece haber plagio.
Lo que sí parece es que esa auténtica “falsedad” argumental sobre el fin del progresismo, fue leída atentamente. Su objetivo ha sido logrado. En cuanto al plagio, si hay uno solo que se justifica ése es el plagio a uno mismo. Este es mi caso y lo aclaro. Plagiarse a sí mismo es duplicar el narcisismo pero no se merece otra condena. Es lo que voy a hacer a continuación: plagiarme. Lo que sigue lo leí el miércoles a la mañana por radio Continental en el programa de Víctor Hugo Morales. Como me gusta me repito: La palabra “plagiario” me atrae como un castigo lingüístico-ético. No se usa mucho por más plagios que haya. Pero es un contundente descalificativo ominoso. El plagiario, plagia. Copia. En sus orígenes “plagio” significó la apropiación de esclavos. Ahora es la apropiación de la obra de otro. Soy de los que creen que Internet, la red informática y su infinito universo de datos, hacen proclive la tentación del plagio. También lo instiga la falta de talento, la mediocridad, la impudicia. Se acaba de sentenciar por plagio a Jorge Zicolillo, periodista, escritor, copista, arrebatador gráfico o lo que fuere. El fallo fue confirmado por la Cámara Nacional de Apelaciones basado en pruebas y en conclusiones de un tribunal de notables de la facultad de Filosofía y Letras.
Zicolillo plagió frases enteras, párrafos largos, personajes, lugares e historias del conocido libro de Andrés Rivera La revolución es un sueño eterno. Lo curioso es que fueron el propio Rivera junto a su mujer quienes atraídos en la góndola de una librería por el título y tema de un libro cuyo autor era Zicolillo, lo compraron con interés. Ya al empezar a leerlo se dieron cuenta que estaban releyendo, bajo otro título, La revolución es un sueño eterno.
Más vergonzoso es lo que le está pasando en estos días al famoso escritor peruano Alfredo Bryce Echenique. Aunque algunos grandes medios culturales prefieren no destacar el bochorno porque Bryce Echenique es famoso, premiado e ilustre. La justicia lo está condenando a una multa de unos setenta mil dólares por haber plagiado dieciséis artículos periodísticos de quince autores diferentes. Dieciséis, no uno ni dos. Artículos publicados en diversos medios que le pagaron a él como único autor.
Fue descubierto porque así como es cada vez más fácil robar de ese universo indiscriminado que brota de las computadoras, también es casi imposible eximirse de ser descubierto con las manos en la masa. Siempre hay alguien que te agarra. En los últimos años se acentuaron los plagios literarios y periodísticos. Acaso porque el síndrome de corrupción ya no perdona ni a la poesía.
Precisamente en Alemania se está difundiendo un poema satírico sobre la crisis económica, que se le atribuye falsamente al escritor de izquierda Kurt Tucholsky de principios del siglo pasado. Y aunque ya se verificó su falsedad, el poema ha sido reproducido con la firma de Tucholsky por importantes medios, entre ellos el Financial Times. Otro poema de la brasileña Martha Medeiros circula desde hace tiempo por Internet como si fuera de Pablo Neruda. Se llama “Muere lentamente”, pero en este caso la autora brasileña, cansada de la situación, se contactó con la Fundación Neruda para confirmar su autoría.
El poema, sin embargo, no puede parar de viajar por la red como si fuera del chileno. Hace unos años, el popular psicoanalista Jorge Bucay, notable columnista del diario Clarín y de la televisión fue cazado por la licenciada española Mónica Cavallé. Páginas enteras de la obra de Bucay, convertidas aquí en best sellers, eran robadas de la obra original de la intelectual española. Hay plagios indescubiertos, plagios impunes.
El día que se ponga de moda juzgar el permanente plagio de los noticieros e informativos que se copian unos a otros las noticias, las imágenes y hasta los títulos, no van a alcanzar los tribunales. Lo cierto es que el plagio- que llegó a la poesía- también llega a las mujeres en la playa. Lo que más se plagian es el culo. Encontrar hoy uno original, no bastardeado por la copia de gimnasio, es un raro acontecimiento íntimo. Al que nadie plagia es a Cleto Cobos. No es que sea imposible sino que carece de sentido. También carece de sentido que las cámaras de la televisión pública se lo anden salteando. Cleto es un dilema. Si se lo enfoca, aparece en todas partes porque es ubicuo y su única función de verano es como público incontinente de festivales de doma, folclóricos, recitales y kermeses de pueblo. Si el telespectador se acostumbra a verlo al final lo va a confundir con un folclorista o un payador criollo. Y si se lo desenfoca, los medios se van a ocupar de enfocarlo por haber sido desenfocado por la televisión pública.
En esa mutiplicidad escénica de la nada, el casual vicepresidente emula a Roberto Giordano. Por eso la consigna debe ser: “¡No hay que censurarlo tontos! Hay que promoverlo”. Mostrarlo. Ponerlo en la pantalla todo el día. Y hacer que diga algo sino en verso, en prosa. En menos de tres meses acaba jibarizado y con menos rating que Alfonso Prat Gay, por citar al azar un político tenue.
Ahora va en serio. ¿La sequía, la produce la naturaleza o el Gobierno? Y ¿qué es mejor para el periodismo serio, la bipolaridad o la lipotimia?