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| Felipe Celesia y Pablo Waisberg: “Con Firmenich era necesaria cierta distancia histórica” |
| Por Manuel Barrientos Los autores de una biografía sobre Mario Firmenich revisan la historia política del dirigente montonero
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"Carga la impronta de un hombre maldito. Su cara evoca al demonio bifronte. Su aliento despide azufre. Sus manos son garras ensangrentadas. Por donde camina, ya nada crece. Traidor, miserable, cobarde, entregador, cuadrado, elitista, militarista, déspota, cruel. Ningún adjetivo le es ajeno. Firmenich es la bestia negra de la política argentina del siglo XX. ¿Qué hizo para merecer tal condena? Fracasó.” Luego de su investigación sobre Rodolfo Ortega Peña, los periodistas Felipe Celesia y Pablo Waisberg pusieron el foco sobre uno de los personajes más incómodos, complejos y controvertidos de los convulsionados años setenta. La biografía Firmenich. La historia jamás contada del jefe montonero desmonta los mitos operados alrededor de su figura, analiza sus responsabilidades políticas y reconstruye su turbulenta historia, desde su paso por el Colegio Nacional de Buenos Aires y la gestación de la organización guerrillera hasta la aceptación del indulto a manos del presidente Carlos Menem y su actual vida académica en una universidad catalana. No deja de sorprender que el libro, editado por Aguilar, sea la primera biografía integral sobre el líder de la principal organización guerrillera de la Argentina del siglo XX. Los autores señalan que hubo cuatro o cinco intentos previos de escribir esa historia, pero que los proyectos naufragaron ante la negativa de Mario Eduardo Firmenich de ser entrevistado. Waisberg y Celesia decidieron hacer el libro igual, con o sin la palabra del jefe montonero. “La ausencia de una biografía, hasta el momento, puede ser la consecuencia lógica de una política de comunicación muy cerrada por parte de la organización y de sus líderes. Firmenich nunca aceptó que se escribiera, se hablara y se investigara sobre su vida. Eso desalentó a mucha gente y terminó sumiéndolo a él en un cono de sombras. Pero su vida estuvo muy cruzada por operaciones de inteligencia y de propaganda política. Había mucho para descubrir, muchas cosas que estaban ocultas”, sostiene Celesia. Waisberg agrega: “Tal vez, era necesaria cierta distancia histórica. El hecho de que él no estuviera en el país desde 1996 ayudó a que muchos hablaran sin tener su autorización. Pero él nos cerró varias puertas. Y algunos entrevistados nos dijeron que si él no hablaba, ellos tampoco lo harían”.
DESAFÍOS DEL PERSONAJE Waisberg: Muchas de las operaciones sobre Firmenich estaban muy machacadas, muy impresas a fuego. Teníamos algunas dudas, pero cuando empezamos a investigar y analizar la fundamentación y las pruebas de esas operaciones, son de una endeblez increíble. Celesia: Tuvimos cierto temor de que se viera a nuestro libro como una manera de lavarle las culpas, pero ésa no era nuestra intención. Al haber un núcleo de prejuicios y preconceptos tan cristalizados en el promedio de la gente, decir otra cosa podía implicar una catástrofe. El personaje siempre se leyó en clave conspirativa, en general, se ve a Firmenich como alguien distinto a quien parecía ser. Pero encontramos que no hay ningún indicio más o menos probado de que haya sido doble agente al servicio del Ejército, de que se haya reunido con el almirante Emilio Massera, de que haya entregado compañeros o de que se haya quedado con dinero de la organización. ¿Cómo desmontaron esos mitos? Waisberg: Muchas de las fuentes que los impulsaron tienen intereses creados. Por ejemplo, el único que da fe de que Firmenich había sido un agente del Batallón 601 y de que había “entregado” a Mario Santucho es el general Alberto Valín, quien era jefe de Inteligencia II del Ejército y jefe del Batallón 601. Es decir, el hombre que estaba a cargo de una estructura que secuestraba, torturaba, desaparecía, mataba y robaba. Celesia: Ahora son fenómenos de venta aquellos libros que hablan de los setenta por derecha, como los del “Tata” Yofré y Operación Traviata, de Ceferino Reato. Así que bromeábamos con el hecho de que era el momento justo para encontrar que había sido doble agente, que había mandado en cana a sus compañeros. Waisberg: El negocio era criticar a Firmenich y no encontrar que vive de forma austera y se compró una casa por 140 mil euros con su mujer en un pueblo perdido de Cataluña de mil habitantes. Celesia: Planteamos que sus responsabilidades, no son morales ni penales, sino que son políticas y, por tanto, hay que juzgarlas en esos términos. ¿Qué responsabilidades políticas y errores estratégicos admite? Celesia: Ellos reconocen que fue un error muy fuerte el pase a la clandestinidad -en setiembre de 1974-, luego de la muerte de Juan Domingo Perón. Dejaron a la intemperie a muchos militantes que estaban dedicados a la política activa y no a la lucha armada. Si bien el poder brotaba de la boca del fusil, Montoneros tenía un gran trabajo en el frente de masas. ¿Y en relación con la contraofensiva de 1979? Waisberg: Fue una votación unánime del máximo órgano de conducción. Algunos militantes dicen que volverían a hacerlo. Otros, que estuvieron presos, dicen que hubieran vuelto, aun sabiendo el final. También, en ese momento, había militantes comprometidos con la situación que ya advertían de qué manera iba a terminar esa operación. Pero en la actualidad, hay grandes críticos que, en realidad, votaron a favor de la primera contraofensiva. Celesia: No creo que los hayan mandado a la muerte, lo que sí está claro es que hubo responsabilidad, porque muchos vinieron de forma muy improvisada, sin logística, y eso, en la Argentina del 79, se pagaba con la muerte. Creo que lo que motivó a la conducción de Montoneros a proponer una contraofensiva en términos militares fue que se jugaban su supervivencia como organización. Sentían que debían generar un hecho dentro de la Argentina que les diera continuidad, porque se estaban diluyendo sus fuerzas. El efecto que tuvo sobre la dictadura fue muy difuso, aunque algunos sostienen que la guerra de Malvinas fue el corolario del proceso de degradación del gobierno militar, al que se había llegado porque mucha gente se había opuesto, entre ellos los Montoneros. Cuando Firmenich fue detenido en Brasil, en febrero de 1984, la campaña a favor de su liberación logró la solidaridad del presidente español Felipe González; del líder del PT, Luiz Inácio Lula da Silva; del gobernador de Río de Janeiro, Leonel Brizola; y del educador Paulo Freire, entre otros. ¿Por qué no pudo sostener ese apoyo político con el afianzamiento de la democracia en la Argentina? Celesia: El apoyo internacional se ubica en los finales de un clima de época, que todavía avalaba y creía en el camino revolucionario. Montoneros seguía siendo un actor político importante. Firmenich se entregó en Brasil con la salvaguarda de que su hijo había nacido allí y de que, por lo tanto, en teoría, de acuerdo a las leyes brasileñas no lo podían extraditar. Fue una manera de volver públicamente a la actividad política. Pero terminó extraditado y preso en la Argentina. Waisberg: Con el exilio, el trabajo político de Montoneros se había volcado a las relaciones internacionales. Como no tenían margen interno, porque los estaban diezmando, hicieron un gran trabajo de relaciones internacionales y tenían muy buenos cuadros en México, en España, en Brasil. Firmenich capitalizó ese trabajo para evitar que lo extraditaran. Pero la presión del incipiente gobierno democrático en la Argentina pudo más. Después, la consolidación de la teoría de los dos demonios fue fundamental para que Firmenich se fuera convirtiendo en una bestia negra de la política argentina. Celesia: Firmenich siempre repite que él no pudo elegir la manera de volver a la política argentina. Y de hecho, no pudo volver más. ¿Por qué aceptó el indulto del menemismo? Celesia: Sentía que era esa posibilidad o salir en 2015. Le estaban pesando mucho los seis años de cárcel que llevaba. Entonces, primó una mirada pragmática, de primero salir y, después, explicar cuál era su postura. Para mostrar que no avalaba la teoría de los dos demonios, no agradeció al menemismo su liberación, como hicieron otros indultados. ¿Por qué se radicó en España, a partir de 1996? Celesia: En 1994 se cumplieron veinte años del asesinato del padre Carlos Mugica y Firmenich decidió sumarse a la marcha en su homenaje. Pero, allí, los familiares de Mugica, especialmente su hermana Marta, lo enfrentaron y le pidieron que se retirara, porque le había hecho mucho daño al país. Si bien la confesión del asesino de Mugica disipó las dudas que pesaban sobre Montoneros y quedó claro que había sido la Triple A, ellos siempre tuvieron que dar explicaciones por esa muerte. Ese episodio lo marcó mucho, porque detectó que estaba cerrado ese espacio que él consideraba propio, en el que podía militar. Y dos años más tarde se radicó en Cataluña, en un pueblo en el cual nadie tiene deudas pendientes con él. ¿Cuál es hoy la posición ideológica de Firmenich? Waisberg: En su tesis de doctorado en Economía de la Universidad de Barcelona, Eutopía. Una propuesta alternativa al modelo neoliberal, plantea la forma de modificar el sistema de intercambio y analiza el funcionamiento del proceso de globalización. En cierta forma, tiene mucha lógica con lo que planteaba Montoneros, en los setenta, pero desde una visión más reformista y de diálogo. Celesia: Su pensamiento tiene una deriva muy cercana a los paradigmas de la época, aunque nunca apoyó los principios neoliberales. Hoy sostiene que la vida armada está extinguida, porque hay otro momento histórico, que la globalización es un marco que no se puede negar y que, por lo tanto, hay que trabajar dentro de esos márgenes. ¿Todavía aspira a volver a la actividad política? Celesia: Es un animal político. En 2001, intentó jugar pero no pudo. Quisieron anunciar su candidatura presidencial de forma semiclandestina, a través de una teleconferencia e invitando a unos pocos periodistas ungidos. Algo muy ridículo para la época. Pero, aunque entienda racionalmente que los espacios están muy cerrados y que su figura está anclada a un pasado que nunca va a volver, aspira a que, quizá algún resquicio, alguna circunstancia, alguna coyuntura, le dé una oportunidad de volver y de que se reconozcan sus méritos y sus capacidades.
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| Comentarios (3) |
| Juan |
No me gustó. Firmenich aparece muy poco. no recontruyeron al personaje, se escucha poco su voz. Tampoco está la opinión o la mirada de Firmenich sobre el kirchnerismo. no aporta demsiado a lo que ya se sabe sobre Montoneros. Si lo compran revisen el libro a mi me faltan las paginas 104 a 121 |
| 20/12 15:13 |
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| jonacito |
solo queda mas que recuerdos y añoranzas de lo que fue montoneros ,querer reeditar o influir sobre la actualidad ,es una pequeña abertura hecha en el tiempo , el pepe ,el ,conductor de montoneros no influye ,ni influiran en estos tiempos que nos tocan vivir ,asi que me parece bien ,que se aclare en este libro el mito firmenich.es hnora de que podamos consumir todo lo que queramos y no que nos digan lo que tenemos que saber.sse acabo el enciero mental. es hora de los pueblos libres. |
| 27/08 16:36 |
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