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| A suerte y verdad |
| Por Luis Tonelli La actitud polarizadora del Gobierno, la lógica interna del peronismo y la ausencia de certezas |
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Primero, lo evidente: el kirchnerismo ha elegido desarrollar la campaña, y el acto electoral de las presidenciales del año próximo, en un contexto de polarización política. Ya no hay marcha atrás posible en esto; y los demás actores políticos, opositores o “compañeros de ruta” más o menos cercanos al oficialismo, ya han tomado nota. Esta constatación nada dice acerca de si la polarización es sobre causas nobles, superfluas o espurias. Nada dice acerca de si la polarización conflictiva es un modo más “democrático” de entender y hacer política en democracia que el modo consensual, como argumenta Chantal Mouffe en la interesante entrevista que concedió para este número de Debate. Y mucho menos dice que esta adopción de la polarización haya salido del kirchnerismo luego de consultar a la politóloga belga, a su marido Ernesto Laclau, o a los intelectuales de Carta Abierta. Tampoco dice que ésta sea una “estrategia” electoral, en el sentido de una decisión consciente de cómo llevar a cabo la campaña frente a las elecciones venideras, sino que puede, por ejemplo, ser un resultado no querido, no buscado, que se impone por otras decisiones en el plano de la acumulación de poder, que son consideradas más necesarias o más relevantes, o anteriores, lógicamente hablando, a definir de antemano una estrategia de campaña. Todos los parrafones anteriores tienen que ver con la pregunta simple, pero de difícil respuesta, acerca de si al kirchnerismo le convino haber cambiado la fórmula que le resultó clave para recuperarse del fracaso electoral de las elecciones legislativas del último año: 1) explotar los errores garrafales que cometió la oposición; 2) encarar causas populares destinadas a satisfacer a la porción del electorado que va del centro a la izquierda; 3) incrementar el consumo para todos, sin hacer demasiado alarde o declaraciones rimbombantes. O sea, básicamente, hacer una política con contenido ideológico pero sin alienar al electorado centrista (llámese a éste clase media, pequeña burguesía, sectores pacatos, la zoncera expresada socialmente, o cualquier otro calificativo o descalificativo que se quiera). En este nuevo rumbo, el Gobierno no abandona algunos de estos puntos, pero sí los incluye en un formato bélico, cosa que no había hecho siquiera para la gran pulseada con el Grupo Clarín por la Ley de Medios (aunque fue el Grupo el que adoptó una actitud bélica), y cosa que tampoco hizo durante el debate y sanción del “matrimonio para todos” (aunque sí fue la Iglesia la que, en ese momento, se puso el casco de guerra).
En realidad, los que jugaron al conflicto perdieron, y el Gobierno salió victorioso al adoptar la posición del “sabio legislador”, pese a tener a grandes y poderosos intereses en contra, pese a enfrentar a una oposición que quería acelerar su ostentosa declinación y pese a enfrentar, incluso, la inercia social conservadora típicamente argentina. Plantear la opción de polarizar o no, implica que el Gobierno enfrenta las elecciones en una sociedad que no está polarizada, y que elige polarizar. Lo contrario, hacer una estrategia centrista y moderada en épocas de polarización social, puede ser suicida si no en términos electorales, sí en términos políticos. Arturo Frondizi pudo ganar las elecciones escindiéndose de la UCR y pactando con el peronismo, pero no pudo sostener luego su gobierno, el que quedó fagocitado por la polarización estructural que sufría la política. La estrategia centrista, desarrollada por Tony Blair con la “Tercera Vía”, tan criticada por Mouffe, o la del conservador soft James Cameron y el demócrata liberal Nick Clegg, en Gran Bretaña, presupone que la sociedad se concentra en el centro ideológico y que los extremos reúnen pocos adherentes. El kichnerismo, en cambio, apuesta a polarizar la sociedad y a que la mayoría quede de su lado. En realidad, en términos estrictos, el kirchnerismo apuesta por atraer al cuarenta por ciento de quienes voten por una oferta en concreto, lo que es bastante menos que la mayoría de la sociedad. Además del ejemplo, a contrario de la derrota de quienes enfrentaron el centrismo del Gobierno bélicamente (Clarín durante la Ley de Medios, y la Iglesia con el matrimonio gay), queda obviamente el caso del fracaso estrepitoso de la estrategia polarizante del kirchnerismo durante el conflicto con el C.A.M.P.O. Semejantes antecedentes no abonaban el cambio de actitud pero, sin embargo, hoy estamos de nuevo ante una actitud polarizadora del Gobierno. Descartemos las explicaciones de tipo psicologistas y de las que hablan de la esencia conflictiva del kirchnerismo. También dejemos de lado las explicaciones heroicas de una confrontación con las “corporaciones” -y hasta con el “capitalismo global”-, porque ya vimos que el kirchnerismo resultó ganador de varias pulseadas sin necesidad de polarizar conflictivamente a la sociedad. Quizá, la clave de este misterio radica en la relación del kirchnerismo con el peronismo. No es la sociedad la que obliga al kirchnerismo a ser conflictivo. No son las corporaciones económicas las que determinan que el Gobierno las enfrente en un clima bélico. Tampoco lo es la necesidad de demostrar a la sociedad, a esta altura del partido, que el kirchnerismo tiene mano de hierro para gobernarla. Más bien es la lógica interna del peronismo, que demanda siempre una jefatura contundente y excluyente, la que obliga al kirchnerismo a adoptar una postura conflictiva. Para decirlo en forma sintética: el Gobierno necesita que el peronismo se encolumne detrás de él y el kirchnerismo piensa que eso será posible sólo si demuestra que es él, y no otro, el que manda. No puede impedir que exista el Peronismo Federal y sus figuras (Eduardo Duhalde, Felipe Solá, Carlos Reutemann, entre otros). Pero tampoco puede permitir que una parte mayor de la “gran familia peronista” (gobernadores, intendentes, políticos, sindicalistas) opte por el peronismo disidente.
Por eso, el desembarco de Hugo Moyano en el Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires, distrito clave para las próximas elecciones. Desde su poderoso sindicato, Moyano tiene la capacidad para disciplinar a los intendentes bonaerenses y lograr que se encolumnen fielmente detrás de la formula kirchnerista. Obviamente, esto no saldrá gratis: Moyano intentará inundar las listas de diputados y concejales con hombres y mujeres que le respondan a él. Pero el kirchnerismo no puede quedar detrás del sindicalista. Necesita para ello estar a la cabeza del conflicto, para volver secundarias las demás arenas conflictivas. Y, por eso, necesita nuevamente de un conflicto fundamental, atómico. Y, por eso, no podía elegir otro contrincante que alguien que recogiera el guante, al no poder escoger una actitud moderada y centrista, porque, sencillamente, el Gobierno avanzaba sobre sus cimientos monopólicos, disfrutados durante décadas. Y, por eso, el “enemigo” elegido fue el Grupo Clarín, más allá del triunfo que significó la Ley de Medios. Frente a esta actitud, la oposición ha adoptado por uno de dos caminos: uno, el de Elisa Carrió y el peronismo disidente, de adoptar una posición espejo pero completamente antagónica, con el Gobierno. El otro, el de Ricardo Alfonsín, de ensayar una línea centrista, moderada frente a la polarización propuesta desde la Casa Rosada. Estrategia a la que ha sumado la dirección de su partido, y que ha adoptado también el socialismo de Hermes Binner y Rubén Giustiniani, dejando bastante rezagado a Julio Cobos, hoy en tierra de nadie, no decidiéndose ni para un lado ni para el otro. Nada, en realidad, está dicho definitivamente. El Gobierno puede polarizar a su favor a la sociedad y convencerla de la nobleza de su causa, quedando favorecido por la división opositora. O bien, el kirchnerismo puede espantar, en vez de atraer, al electorado peronista conservador que, como las brujas, no existe, pero que las hay, las hay. Se verá allí si este electorado alimenta una opción de centroderecha encabezada por Mauricio Macri o por Carlos Reutemann, que se imponga sobre la opción kirchnerista y la radical socialista. O bien, si la coalición radical socialista, “tercerista” finalmente, pueda imponerse sobre un peronismo dividido. Todo puede pasar. Pero alegrémonos: como dice el politólogo Adam Przeworski, sólo las dictaduras aseguran la certeza. Para ser democrático de verdad, se debe amar la incertidumbre. Y, ésta, por lo menos en términos políticos, reinará en la Argentina de los próximos meses.
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| Comentarios (5) |
| Peperino |
Cristina dijo en un acto: \" Confianza, los americanos le dicen trust, nosotros decimos confianza\". Por favor!!!
\"UNA NEURONA A LA DERECHA\" |
| 09/09 11:06 |
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| Hugo Rebagliati |
Si los que estan en el poder, y la oposición , cometen
y cometieron errores importantes, que en otros lugares del mundo
les hubiera costado carísimo. Que común denominador los une?,
son ambos malos estrategas, solo su meta es el poder,
como si fuera una carrera donde todo vale para llegar a la meta?
.
Es como el final de la nota , debemos esperar " que se arme la incertidumbre"
y a la hora del voto debemos premiar a quien nos genero menos incertidumbre
y nos confunde menos nuestro futuro. |
| 06/09 19:41 |
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| SERGIO A. |
¿que será lo evaluado por esta clase mediera?El recuerdo del último gobierno de la alianza o la realidad economica social del país. |
| 05/09 18:47 |
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| JONACITO |
NO SE PUEDE ENTENDER , SIN COMPRENDER EL CONTEXTO HISTORICO PORQUE ACTUA ASI LA OPOSICION , LA REALIDAD ES QUE LAS LOCURAS DE CARRIO ,TERMINA SIENDO EL CARRO DE ARRASTRE DE LAS CORPÒRACIONES, Y LAS INCONGRUENCIAS DE MACRI EL TIMON DEL SALVESE QUIEN PUEDA, EN TRISTE VER COMO ESTOS IDIOTAS UTILES ,SON FUNCIONALES A MAGNETTO,NOBLE,RATAZZI, MESA DE ENLACE Y CIA, LOS DEFIENDEN A MUERTE Y SE CAGAN EN LA VERDAD QUE TODOS BUSCAMOS. |
| 04/09 13:00 |
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| navo pampeano |
si los socialistas llegan al poder los catolicos pueden ir olvidandose de el apoyo que resive la iglecia catolica y de todas las imagenes que figuran en sitios publicos
si los radicales llegan al poder con suerte tendremos otro plan austral o tal vez otra primavera, y quien no dice se escuche nuevamente un concierto de cacerolas
todo puede susceder |
| 04/09 11:43 |
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