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| “Soy la antikirchnerista que los kirchneristas aman odiar” |
| Por Carolina Keve La ensayista Beatriz Sarlo analiza el “dispositivo cultural” creado por el kirchnerismo y el rol de la oposición en el contexto del año electoral |
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Una masa corta la 9 de Julio, espera ansiosa un desfile que resume doscientos años de historia bajo un despliegue artístico deslumbrante. Unos meses antes, un programa transmitido por una televisión pública olvidada, que de pronto exige más protagonismo, logra llenar una plaza ante la sorpresa de sus propios protagonistas. Mientras tanto, la Web sigue inundándose de bloggeros, y twitteros (devenidos nuevos sujetos de la política) que discuten al tiempo que ostentan su foto con algún funcionario como errático trofeo. Para Beatriz Sarlo, cada uno de estos hechos forma parte de un mismo fenómeno, la construcción de un enorme dispositivo cultural que ha sabido realizar el kirchnerismo, y que describe en su nuevo libro La audacia y el cálculo, editado por Sudamericana. Las preguntas, claro, surgen inmediatamente. ¿Podemos hablar de un movimiento de masas, de una hegemonía? Y, en todo caso, ¿qué pasó con aquel otro gran dispositivo que supo desplegar su efectividad como nadie durante los últimos treinta años? Sarlo, sin embargo, prefiere evitar hablar de Clarín. Ése será el único tema al que escapará durante una charla de casi hora y media, en la cual analiza la relación con el peronismo, discute con la oposición y se detiene en la figura de Néstor Kirchner, al que define prácticamente como el artífice de la política en estos últimos diez años.
En una entrevista reciente, planteó que la gran empresa de su vida ha sido intentar entender al peronismo. ¿Lo ha logrado? En realidad, la frase es un lugar común de mi generación. Mi generación nace o llega a la política con este interrogante: ¿qué hacer con el peronismo? No se trataba, en realidad, de entenderlo porque no estaba planteado en esos términos, sino de resolver qué hacer con él. La izquierda revolucionaria se pregunta si tiene que estar en él para transformarlo, que fue una alternativa que eligieron muchos, o, por el contrario, trabajar en un costado y disputarle esas masas que tenía desde la década del cuarenta. A todo esto, se abría el capítulo intelectual de la cuestión intentando, ahí sí, responder qué es el peronismo. Ahora, si me preguntás si he logrado entenderlo… Creo que hoy el peronismo debe ser “periodizado”. Creo que el peronismo histórico no presenta mayores enigmas. Y creo que hay acuerdos transideológicos sobre este objeto. Incluso, diría que hay acuerdo sobre lo que significó el menemismo, como revolución reaccionaria, como cambio vertiginoso de la estructura social argentina. Por supuesto, aquello sobre lo que resulta más difícil estar de acuerdo es el presente. Hoy, creo que hay una versión épica del kirchnerismo, una versión antikirchnerista profunda y una más alejada que quiere entender la cuestión sin suprimirla. ¿Cree que el kirchnerismo ha entendido qué hacer con el peronismo? El kirchnerismo, como relato, evitó al comienzo contaminarse del relato peronista. Porque hay que decirlo, en un primer momento el peronismo estaba ausente. No se mencionaba a Perón, muy poco a Eva y la épica del relato histórico no entraba en los discursos oficiales. Uno podría decir que desde el lado de Carta Abierta o desde intelectuales como Horacio González se proponían nuevas interpretaciones de ese movimiento que el kirchnerismo hubiera podido usar y no tocó. Porque el kirchnerismo tuvo otro punto de comienzo, que fue el de los derechos humanos, no la épica del líder que viene a rescatar a la clase obrera. O sea, que la adopción de ciertos temas fue tardía y también muy ahorrativa. Si uno analiza el guión que hizo Fuerza Bruta en los festejos del Bicentenario, tenía a las Madres como punto inicial. Así como uno de los ingresos principales a la Feria era por el stand de las Madres, que era el más espectacular. En cierto punto, el kirchnerismo, ¿no peroniza la demanda por los derechos humanos? Es cierto que es la primera cuestión que absorbe, pero inmediatamente la resignifica y la ubica entre las banderas de la juventud de los setenta, superando, de cierta manera, las contradicciones que suponía para el propio peronismo el debate en torno de los derechos humanos. Es probable. Acá hay un gran tema que es que el peronismo no revisó públicamente que fue a las elecciones del 83 con un candidato que aprobaba la autoamnistía de las Fuerzas Armadas. Algo que es una mancha negra en la historia del peronismo, que lograron sepultar hasta el día de hoy. Con Menem, el peronismo también tiene una gran paradoja, porque Menem, con el general Balza, termina de desalojar del Ejército a los restos de las jefaturas que habían participado del terrorismo de Estado. Entonces, nos enfrentamos con grandes contradicciones sobre las cuales ni el Partido Justicialista, que nunca hace este tipo de exámenes, ni líderes como los Kirchner, que podrían inclinarse más a hacer este tipo de revisión, lo han hecho. Una revisión que creo que resulta importante, porque casi sin quererlo son estas contradicciones las que abren la posibilidad de que, en un momento determinado, el general Bendini pueda descolgar los cuadros. Pero, justamente, esa imagen habla de un cambio y de una revisión. Sí, son exámenes que llegaron tarde, pero valen. Valen porque los juicios han seguido, porque se anularon las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. Yo no soy de las personas que dicen que porque llegaron tarde no valen nada. Pero, ojo, eso no significa que debamos olvidar, uno no puede aceptar una política basada en el ocultamiento sobre ciertas zonas del pasado, sobre todo en un momento en el cual se hace mucha política de expediente. En su libro usted hace referencia al carácter hegemónico que ha sabido construir el kirchnerismo mediante la edificación de un gran aparato cultural. En un debate reciente, Tomás Abraham discute con esta lectura. Plantea que el kirchnerismo no es una identidad cultural sino política. ¿Qué opina al respecto? Él plantea algunas cosas contrapuestas con mi posición, discutiendo básicamente esta idea que empiezo a plantear con bastante cuidado que es que, a partir de 2008, con la derrota en el conflicto con el campo, el kirchnerismo comienza a montar un dispositivo cultural que no abarca a los cuarenta millones de argentinos, pero que abarca al activo político de la sociedad. Y es ahí donde pienso que el kirchnerismo ha ganado las escaramuzas de la batalla cultural. Con dispositivos de distinta naturaleza, con el sistema de medios, pero también con las repercusiones que ese sistema tiene. Para dar un ejemplo del libro, creo que es condenable que un programa como 6, 7, 8 se transmita por un canal público, o al menos el canal tendría que tener un 6, 7, 8 para todas las líneas políticas. ¿Pero es cuestionable que 6, 7, 8 esté en un canal público o que no invite a más figuras de la oposición? Es un programa partidario extremo. A mí me han invitado, así que no puedo decir que no invita a actores que forman parte de la oposición. ¿Y piensa ir? Me acaban de invitar y voy a ir. Y entonces, ¿no están alentando así un debate? Hay ciertas reglas del periodismo que dicen que si vos convertís un programa en una plataforma partidaria o en órgano oficial del kirchnerismo, no se puede pensar como producto periodístico. Y, en este sentido, creo que un canal público no tiene que tener programas partidistas. Tiene que tener programas pluralistas. En la BBC tienen juntas directivas independientes de los gobiernos, generalmente, nombradas a contra-período gubernamental, y tienen los periodistas más independientes del mundo. Recordemos cómo estaba enojada Margaret Thatcher por la cobertura de Malvinas, porque no le parecía lo suficientemente patriótica. Pero, insisto, si la invitan a usted, ¿no estaría el programa mostrando un sesgo de pluralismo? No, primero no creo que la respuesta esté en estimular el debate. Puede ser que me lleven porque soy la antikirchnerista que los kirchneristas aman odiar, pero no creo que sea para estimular un debate. Más allá de eso, el picadillo de 6, 7, 8 va en contra de la libertad de expresión. ¿Por qué? Porque uno dice algo, y lo cortan y lo repiten unas cien veces. Bueno, se trata de la estrategia del montaje que forma parte del lenguaje de la televisión y que, incluso, usted ha estudiado muchas veces. Sí, ¿pero quién la usa hoy? Daniel Tognetti y los programas de la tarde. No lo explota TN, donde los programas de la noche están plagados de kirchneristas. Agustín Rossi, Diana Conti, Vilma Ibarra, Martín Sabbatella, está lleno de kirchneristas. Ahora bien, usted plantea que el kirchnerismo ganó una batalla cultural, una batalla abierta contra -y esto no hay que perderlo de vista- un dispositivo gigante y eficaz como era Clarín. ¿Cree que Clarín debería haberlo hecho jugar de otra manera? De Clarín se pueden pensar muchas cosas mal. Pero yo no puedo comparar, porque no soy lectora permanente de Clarín. Sí de Página, desde 1987. Creo que hay dos diarios con los cuales uno construye la esfera pública argentina, que son La Nación y Página. Clarín no lo estudio como diario. Sí veo TN, no los noticieros de la tarde, donde son mucho más partidarios, pero sí los programas de la noche, donde el oficialismo es invitado permanentemente. ¿Pero las tapas de Clarín no se han vuelto un tanto obvias? Justamente, si TN hace lo que usted dice, parece una estrategia mucho más interesante. Es que ni voy a hablar de las tapas de Clarín porque no las estudio. No me interesa ser un perro garronero de Clarín, así como tampoco me interesa ser un perro garronero de Mario Wainfeld, que sigue siendo un tipo inteligente aunque no esté en su mejor momento como comentarista político. Volvamos a la cuestión de la hegemonía. ¿El kirchnerismo es un fenómeno de masas? En principio, es muy interesante pensarlo como un fenómeno de capas medias. Porque ahí uno correría el eje a una pregunta clásica, porque uno piensa al peronismo como un fenómeno de masas con un centro de gravedad en las masas obreras y capas medias bajas. Si yo no me equivoco, y si no se equivocan los encuestadores, lo interesante del kirchnerismo es ver cómo se repone muy rápidamente de la derrota de 2008, que no fue sólo una movilización del campo, sino que se habían sumado algunas capas medias, y logra implantar una imagen en esas capas. Es ahí donde se canaliza la unión del bienestar económico con cierta persuasión que se logra teniendo un capítulo en los festejos del Bicentenario que, a decir verdad, pensé que iban a pasar sin pena ni gloria, y más tarde -y espero que esto se lea con el mayor respeto posible- teniendo la “fortuna” de esa muerte. ¿Por qué? El peronismo tuvo dos muertes fundamentales. Una cayó en el peor momento, que fue la de Perón. Perón no había podido establecer línea de sucesión, el peronismo estaba salvajemente desgarrado con la guerrilla y la Triple A, y Perón creía que iba a tener aunque sea un año más para articular algún tipo de diálogo, y murió sin un sucesor. Isabel era una sucesora legal, pero no política. Ésa fue una desgracia del peronismo y que se expandió hacia toda la sociedad argentina. La muerte de Kirchner -más allá del dolor que sienten quienes lo acompañaban y, por supuesto, su familia- fue una bendición política. En las encuestas estaba en baja, tenía un techo bajísimo. Y veinte días después, la Presidenta sube como unos veinte puntos. ¿Y a qué considera que se debe esto? Porque, a diferencia de ese Perón envejecido e inerme, Néstor Kirchner y Cristina Fernández eran una sociedad política. Trabajaron desde Santa Cruz hasta acá como una sociedad en la cual Néstor era el político y ella era la parlamentaria. Sin duda, para mí, él era el personaje interesante, el personaje inventivo de la política. Y es ahí que se puede dar la sucesión de manera exitosa, luego de la muerte de Néstor. Una muerte como la de Raúl Alfonsín, que provocó un fenómeno de masas, porque Ricardo Alfonsín también “nace” por segunda vez con la muerte de su padre. Sin duda la muerte de un político de ochenta años no produce el mismo dolor que una muerte más joven. Más allá de la edad, ¿no considera que hay otras condiciones de recepción que diferencian la movilización que generaron ambos fallecimientos? Usted analiza la construcción de ese enorme dispositivo que hace el kirchnerismo, ¿pero no es más interesante preguntarse por qué la gente responde ante ese aparato?, ¿por qué la Ciudad termina invadida de personas durante el Bicentenario o estudiantes sin ningún tipo de trayectoria militante llegan a la plaza con una remera de 6, 7, 8? Creo que son cosas distintas, el sujeto es distinto. Para el Bicentenario fueron millones de personas, excepto las del tercer cordón y los barrios más postergados. Y quienes llegaban, lo hacían bajo una imagen peronista que resulta muy simpática, que es que cada uno llegaba para festejar con su pesito. Personas de las capas medias altas y bajas, todas con su pesito, formando enormes colas en Serafín. Y esto es algo fundamental, no hay festejo en la indigencia. Y lo que se veía era gente consumiendo, en familia, con vecinos, bajo un clima de seguridad muy grande en la calle, que contribuía con esta composición amical. Había una cierta alegría de la abundancia. ¿Pero podemos entender la fiesta del Bicentenario como un acto de consumo o como momento en el que emergió con potencialidad emotiva un “nosotros” más expansivo? No sé, es muy difícil decir que en cuatro días se construye un gran “nosotros”. Era gente que estaba volcada a aquello que se le mostraba, lo que se construyó era un público, un público que se desplazaba por la Ciudad. Además, adueñarse de una ciudad es una experiencia muy placentera. En una ciudad donde el discurso reaccionario dice que no se puede andar, la posibilidad de estar caminando por las calles a las cuatro de la mañana era una experiencia placentera. Ahora bien, retomando la convocatoria al acto de 6, 7, 8 por Facebook, me parece que se trató de otro fenómeno. Y más interesante. En primer lugar, porque ahí sí hubo una decisión de venirse desde Escobar, no de ser acarreado, sino de “autoacarrearse” y autoorganizarse, y presenciar un acto por cierto principio de identificación con un programa. Esto, inclusive, habla de algo más duradero que una fiesta, y me parece mucho más interesante. Es decir, yo puedo o no estar de acuerdo con lo que 6, 7, 8 emite como mensaje, pero lo que logra con 250 mil amigos en Facebook, esto de llegar a un acto en la plaza bajo un reino de buena onda, es interesante. ¿Y cuándo cree que comienza a darse ese fenónemo? Esto tiene dos años. Si surge de una voluntad estratégica o si alguien se dio cuenta de la necesidad de que esto sucediera, no lo sé. Pero si uno lo “periodiza” aparece en el momento de la derrota y luego se afianza con el momento de la victoria posterior, que es con la ley de medios. Ahí también se vuelve sentido común de las capas medias una especie de igualación entre comunicación y periodismo. Es decir, la ley se presenta como una ley que hace posible la comunicación, pero el debate en torno del periodismo y los problemas que esa ley le puede traer se dejan de lado. Ahí, la ley logra unir la legitimidad de la comunicación con los derechos de la información periodística. Y eso creo que es una victoria. Una victoria con cuyos conceptos no estoy de acuerdo, pero es una victoria. ¿El kirchnerismo es hegemónico? Es un concepto acerca del cual me gusta discutir. Y, ¿está mal construir hegemonía en política? No, no está mal construir hegemonía. Ahora bien, esta hegemonía cultural tendría que ser más profunda y durar más tiempo para que pudiéramos afirmarla sin equivocarnos. Usted hace referencia al estilo de Néstor, que le resultaba políticamente más interesante que el de Cristina. ¿Por qué? Él inventó todo esto. Él percibió que era un presidente débil, y esta historia puede verse en documentos públicos. No necesito a nadie que me venga a contar los diálogos mantenidos en Casa de Gobierno para poder analizar esto. Él percibió que era un presidente débil y notó que, frente a esa debilidad, podía tener tiempo o no para dos alternativas. La primera fue la transversalidad, pero se dio cuenta rápidamente de que no había tiempo para eso. Que ese camino era más largo para recorrer. Y entonces acudió a la segunda alternativa, que era el PJ. Y era evidente que tenía todas las condiciones para trabajar en ese aparato, que la cultura de ese aparato la conocía muy bien. Creo, además, que fue un político valiente, que logró, en una situación de debilidad, sacarse de encima desde el primer día a quien lo había llevado a la presidencia. En este sentido, supo actuar de manera pragmática, pero no lo digo en un sentido realista sino con su presencia. Él sabía que sus discursos eran más o menos, pero que sus intervenciones eran fundamentales. Fue un político de mucho riesgo, el conflicto con el campo lo condujo él. Y lo condujo mal. ¿Y Cristina? Hay quienes destacan que aquellas medidas más radicales fueron tomadas durante su mandato. Es que no estoy preguntándome por su radicalidad ideológica, sobre la cual ignoro todo. Más bien lo que conozco de ella es un discurso desarrollista, con fuertes rasgos industrialistas, nacionalistas y capitalistas. Creo que lo que hay que respetar cuando entramos a analizar la política o la cultura es que nos interesemos por las cosas que nos interesan. A lo mejor es un error dedicarle a ella menos importancia, hace un rato dije que son una sociedad política, en la cual ambos son fundamentales. Me parecen disparatadas, por ejemplo, las comparaciones con Isabelita que se han hecho. Quienes la han conocido dicen que fue una extraordinaria parlamentaria. Ahora, volviendo a la cuestión del objeto, por ejemplo, no se me ocurriría escribir un libro sobre Mauricio Macri. ¿Es poco interesante como político? No, es la realización del “cualunquismo” político en el campo de la pospolítica, pero quizá es un político por el cual siento una antipatía casi instintiva y no me despierta el impulso intelectual de escribir siquiera unas páginas. Por el contrario, Elisa Carrió me parece muy interesante, cuando dice aquellas hipótesis que luego son corroboradas, como cuando dijo que se iban a ir cayendo los candidatos presidenciales, o cuando adopta ese estilo chamánico… Justamente, vinculado con Carrió, en el libro señala que tiene un fuerte componente confrontativo que muchas veces no es negativo. No creo usar la palabra “confrontativo”, nunca. Usted dice textualmente en el libro “Carrió reintroduce en la política un elemento de confrontación que no siempre ni invariablemente es negativo”. Claro, ésta es una discusión justamente con la derecha, no con el kirchnerismo. Yo reivindico el conflicto como elemento del discurso político, el conflicto es un elemento que la política debe poder plantear y resolver. No soy de las que creen que todos los antikirchneristas deberían unirse y cantar “una que sepan todos”. La política es la resolución de conflictos, no la gestión de una administración. Es subrayar el valor de la confrontación en un momento en el que el universo antikirchnerista considera que toda confrontación debe ser desechada y que la única confrontación que debe quedar en pie es la confrontación con el Gobierno. El político tiene que tomar la confrontación, no decir que no existe. Por ejemplo, Héctor Recalde plantea una ley, que me parece interesante, que es la distribución de un porcentaje de las ganancias de las empresas entre los trabajadores. Ese proyecto plantea un conflicto, no plantea un momento en el cual nos damos las manos y ahí se resuelve el asunto. Al respecto, me parece interesante pensar la cuestión desde la lectura que hace Chantal Mouffe, donde contrapone el momento del antagonismo puro en la política con la posibilidad de resolverla “agonísticamente”, es decir reconociendo que hay un “otro”, un adversario. El problema es cuando el discurso entra en el terreno de las formas esencialistas o de valores morales innegociables, como el de Carrió. Ahí se entra en el puro antagonismo. Bueno, es que hay un valor para Carrió que no es negociable que es el de la corrupción. Pero de ahí a plantear a Néstor Kirchner como el “Mal” que debe ser erradicado… En ese sentido, uno podría decir que sí, que su discurso toma formas binarias. Pero creo que hay cuestiones que no son negociables. El manejo de lo público como si perteneciera a un partido o a una persona no es negociable. Volviendo a Carrió, creo que un político tiene que ser un buen analista político y Carrió es una buena analista política. ¿Y el kirchnerismo?, ¿no es el kirchnerismo el que recupera el elemento confrontativo de la política? El kirchnerismo no pudo sino plantearse esa forma porque alguien que viene muy débil tiene que cortar con aquello que ve como amenaza. Y, en eso, Kirchner era un tipo avezado. Ahora, todo político que toma el conflicto no necesariamente significa que me guste. La política también es la preservación de las instituciones, también es crear un sistema de preservación de valores que hagan posible la democracia. No confundamos. Y si yo digo la política es “esto” y Kichner hizo “esto”, eso no debe significar que Kirchner me deba gustar.
Intelectuales y kirchnerismo
¿Cree que el kirchnerismo obligó a cierto debate o cierto replanteo entre los intelectuales? A mí, una parte del campo intelectual que se constituyó me hace acordar al 73, a ese núcleo de intelectuales que apoyó al peronismo del 73. Incluso, en muchos casos son las mismas personas o los hijos de esas personas. Usted muchas veces ha cuestionado que Carta Abierta se reúna en la Biblioteca Nacional. Pero, ¿no es lo mismo que cuando la critican a usted por escribir en Viva o ser columnista en Radio Mitre? No. Hay una gran diferencia, a mí no me nombró ningún gobierno en Viva ni me pagaba el sueldo ningún gobierno. Me pagaba la “corpo” de la “opo”. No usaba Viva para mis picnics. Yo tenía que ir, poner mi nota los jueves y cobrar a fin de mes. Pero, allí apuntaba. ¿Le parece lícito que se use ese argumento para cuestionar? No, son dos cuestionamientos diferentes. No me vas a hacer decir lo que no quiero decir. Tengo bien en claro que hay una diferencia entre la Biblioteca Nacional y el diario de Magnetto. Se comportó conmigo como un buen patrón, pero no me hubiera permitido usar la sala de Clarín para que me reuniera con mis amigos. Yo estaba trabajando para un patrón que me pagaba bien y era una cosa que me gustaba hacer, y nunca se metió con lo que yo quería escribir. Y, bueno, fui criticada porque, supuestamente, me había descerebrado y vendido y no sé cuánto. Me pagaban como a cualquier periodista, como a cualquier periodista que se le paga bien. Pero, insisto, no es lo mismo. La Biblioteca Nacional es la Biblioteca Nacional. Ojo, tengo la mayor relación de confraternidad con Horacio González, quien además, debo decir, tiene de esa biblioteca y de ese auditorio el manejo más democrático. A mí, me han invitado un centenar de veces y nunca han prescindido de nadie de la oposición por ser de la oposición. Justamente, lo que pasó recientemente con Horacio González, ¿no es otro ejemplo de cómo se está simplificando el debate? A raíz de la carta sobre Mario Vargas Llosa se lo pintó prácticamente como si fuera un funcionario estalinista que atentaba contra la libertad de expresión, cuando su trayectoria y formación lo desmienten. Pienso que lo primerearon, pero la verdad también es que la carta de Horacio me pareció lo menos “Horacio González” que leí nunca, lo más inesperado. Nunca hubiera pensado que la iba a escribir.
Macri en Celebrityland
Los últimos traspiés mediáticos de Mauricio Macri, ¿no se pueden entender como el fracaso del Celebrityland en la política, del que habla en su libro? Es decir, en política sólo con aparecer en el programa de Marcelo Tinelli parece no bastar. Creo que ahí intervienen distintos factores. Una cosa es pensar la política atravesada por Celebrityland y otra que a un político, que “sobreprometió” en campaña, le vaya a ir bien. Hacer de eso responsable a Susana Giménez me parece estúpido. Es decir, Macri y Francisco de Narváez son afines a Celebrityland, pero creo que el problema de Macri no fue ése, sino que sobreprometió y no fue un jefe de Estado eficaz. Cuando hablo de Celebrityland me refiero a una dimensión estilística que atraviesa a numerosos políticos. Sobreprometer no es Celebrityland, es una equivocación política de alguien que no tiene idea de cómo hacer las cosas. ¿Y qué le parece la decisión de Macri de bajar a la Ciudad? ¿Y qué iba a hacer? Si iba a perder y no iba a poder volver nunca más. Iba a terminar en Boca. O ni siquiera, iba a terminar en Olimpo de Bahía Blanca. ¿Cómo ve el escenario opositor para octubre, ante la sucesiva caída de candidatos? Algunos no se cayeron, pero casi. Duhalde sigue como un candidato prácticamente testimonial. Y, la verdad, no tengo la menor idea de cómo va a terminar organizándose la oposición. Sin duda, si se llegara a organizar un polo de centroizquierda alrededor del GEN, el Partido Socialista y un sector de la UCR sería interesante, pero parece cada vez más alejado. Creo, efectivamente, que va a haber dos bloques. Volviendo a mi analista política de cabecera, Carrió dijo algo interesante y es que tiene que haber dos bloques para tener alguna chance de llegar al ballottage. ¿Cuáles serían esos dos bloques? Uno más de centroizquierda, con el GEN, Hermes Binner, Luis Juez, etcétera. Y otro en el que la UCR entre como eje de una alianza donde haya más o menos cualquier cosa de la pospolítica. ¿Y cuál es su opinión, entonces, sobre una posible alianza entre Alfonsín y De Narváez? Creo que sería un error muy fuerte. La UCR perdería aquello por lo que Alfonsín llegó, como representante de una centroizquierda con matriz socialdemócrata. Y, digan lo que dijeren, no me imagino que De Narváez ahora se vaya a convertir en eso. Perdería además buenos aliados, como puede ser Margarita Stolbizer, quien además le ganó en la provincia de Buenos Aires a De Narváez, en 2007
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| Comentarios (17) |
| pat |
En muchas cosas no coincido con ella pero voces como la de Sarlo son necesarias. Si construimos y/o pensamos la realidad en la optica de 6,7,8 nos va a ir muy mal, porque nos estariamos perdiendo la otra parte de la historia.
Seamos crìticos. No dejemos que nos vendan espejitos de colores.
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| 20/01 15:45 |
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| Sergio |
Pais generosooo!Muy lejos del nivel intelectual expresado por pensadores de la talla de Nun,Quevedo o Gonzalez.Realmente llama la atenciòn que esta persona sea tomada como referente de pensamiento, cuando no dice màs que lo que pueda expresar una señora informada... en una peluqueria!Tambièn sorprendeel nivel de respeto de otros intelectuales! |
| 01/01 09:34 |
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| alfredo feliziani |
Es una persona a mi criterio SUMAMENTE IGNORANTE, nunca (eso es evidente) se jugó por una causa, lucho por un ideal con seriedad ni vivió realmente una situación conflictiva (Ejemplo...si milito me matan) estructurar palabras puede hacerlo cualquiera pero que esas palabras den un mensaje útil es otra cosa |
| 31/12 10:43 |
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| Hector |
que pena que esta mujer sea una INTELECTUAL,ser INTELECTUAL es tener criticas propias,analisis propios,etc etc. LOS AUTO TITULADOS INTELECTUALES COMO sarlo/vargas llosa,etc. SON SIMPLES MENSAJEROS DE LOS DUEÑOS DEL MUNDO Y LOS GOLPISTAS DE PAISES.. |
| 18/12 08:43 |
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| alberto paris |
Entre copita y copita Beatriz va entendiendo al kirchenerismo, sin embargo nada puede hacer contra su golirismo genético. |
| 15/12 08:44 |
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| DelsioEvarGamboa |
La charla de Magdalena Ruiz Guiñazú con Sarlo, fue la perfecta representación de Thelma y Nancy, las dos viejas gorilas del programa de Víctor Hugo. |
| 22/11 17:38 |
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| alberto |
si la derecha argentina tiene que recurrir a una ex maoista de cafe con leche para deslegitimar al movimiento nacional y popular,estan en problemas. |
| 19/10 10:30 |
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| Luis |
La Sarlo es la \"intelectual gorila\" que la oposicion propone como contracara de la enorme cantidad de intelectuales consustanciados con el Modelo de Nestor y Cristina. NO compre el libro, lo lei en casa de amigos, y me parece chato, poco interesante y con una nula capacidad de comprension real del momento historico. En realidad, creo que el momento historico le queda grande. Se gano un lugar en La Nacion jugando a primera figura de la elite pensante de derecha... En fin que lo disfrute. Es mediocre y en justicia poco culta. |
| 16/05 00:01 |
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| Mario Luis |
El libro de 226 págs, recién comienza a hablar del personaje Kirchner en la pág. 165 y muestra una imprevisible admiración por el Presidente (mechadas claro con obviedades del menú antikirchnerista más elemental) Antes es puro sarcasmo sobre la construcción de los kirchneristas a través de 6,7,8; Duro de Domar, Carta Abierta los bloggers, Facebook y twitters Llama la atención que siga insistiendo que Carrió es el político más brillante de los últimos años y que Cristina es la menos interesante de los políticos: “dicen que fue buena legisladora” (¡!) |
| 15/05 07:48 |
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| Mario Luis |
Compré el libro esperando leer qué decía Sarlo de Néstor Kirchner. El libro de 226 págs, recién comienza a hablar del personaje en la pág. 165 y demuestra una admiración por el Presidente que llama la atención (mechadas claro con obviedades del menú antikirchnerista más elemental; supongo que para no defraudars a sus lectores de LA NACION). Antes de eso se lo pasa de sarcasmo en sarcasmo sobre la construcción de los kirchneristas a través de 6,7,8 (que debería pagarlo Cristina de su bolsillo según Sarlo); a Duro de Domar lo ridiculiza porque se le ocurre demasiado fashion para un programa kirchnerista y a Carta Abierta la señala como la exc |
| 15/05 07:39 |
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| julio bravo |
Es interesante observar a sarlo cuando repiensa su posision politica.Sesde que nunca el marxismo puro pudo poner un pie en esta tierra estira su plie derecho hacia el neo liberalismo y miraba de reojo al kirschnerismo que no es peronismo y ahora ya lo mira de frente como animandose a entrar.Por eso dice que mamos odiar eso solo esta en su mente porque simpatiza con nosotros.La dejaremos entrar .si que venga nomas |
| 14/05 22:39 |
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| Gabino |
POR FIN , SE ESCUCHA ALGUNA OPINION INTELIGENTE . |
| 14/05 19:19 |
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| gustak |
No odio a Beatriz siempre que no se meta con Olimpo. Las pavadas sobre Néstor y Cristina que reproduce en su libro le sirven de santo y seña entre los gorilas para colar, de vez en cuando, algo de racionalidad |
| 14/05 12:40 |
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| Christian |
muy buen articulo,
me parece que Cristina, es más que "extraordinaria parlamentaria", es la primer presidente que interpela los sentimientos del pueblo (de alguna manera lo empezo a hace Nestor), que no sea desde los libros de historia, con hechos concretos.
Pienso que sería muy interesante verla debatir en 678, ojala aparecieran mas voces opositoras como la de Sarlo. |
| 14/05 08:47 |
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| Ricardo |
Vieja, qué te pasa con Olimpo? seguro andas necesitando que tu marido te atienda... Menopáusica |
| 13/05 18:34 |
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