 |
| ALBERTO LAISECA, ESCRITOR |
| “Las mujeres están muy locas, chamigo” |
| Por Agustín J. Valle |
 |
|
|
|
 |
|
No es fácil vivir de la literatura con verdadera autonomía de criterio. Una diversificación de las actividades laborales se hace imprescindible: en los últimos años, además de publicar Sí soy mala poeta, pero... (Gárgola) y el Manual Sado Maso Porno (Carne Argentina, editorial fundada por alumnos de literatura), Alberto Laiseca trabajó en televisión, hizo y hace reseñas de libros en la revista Ñ, da talleres en el Rojas y en su casa, y, durante 2008 realizó un ciclo de narración en vivo, “Las Noches del Conde Laisek”, organizado por discípulas suyas. Además, participó en la película El artista, dirigida por la dupla Gastón Duprat-Mariano Cohn (donde también aparecen, como internados de geriátrico, León Ferrari, Horacio González y Fogwill); opina Laiseca que “todo buen escritor tiene dentro también un actor”. Pero todo esto ya es una extrema profesionalización si comparamos con los primeros años de su vida de literato. Que empezó cuando, a la edad de diecinueve, abandonó en Rosario la Facultad de Ingeniería: “Me hice peón rural en las provincias argentinas, trabajé en el ajo, en la papa, la zanahoria; luego en Buenos Aires como peón de limpieza. Había decidido cortar con todo. Y vivir”. Fue aquí en Buenos Aires, aproximadamente entre el 72 y el 82, que Laiseca escribió las mil trescientas páginas de Los Sorias. En verdad la destruyó tres veces y sólo se conformó con la cuarta versión de ese mundo donde los países Soria y Tecnocracia se odian a muerte, empezando por sus déspotas reinantes, monstruos infinitamente creativos en formas de dañar. La novela explora el extremo posible contenido en la racionalidad del poder absoluto, y funciona como un hilarante y doloroso alegato contra la crueldad: “Cualquiera que lo lea distraído va a pensar que soy un tipo sádico y que me gustan la tortura y la matanza, no es así. Si pongo todas esas cosas es por lo mucho que me horrorizan, para sacarlas fuera. Yo no invento nada. Todas esas cosas existen desde hace siglos”. Ahora, la editorial Gárgola está por reeditar El jardín de las máquinas parlantes, novela de setecientas páginas, escrita inmediatamente después de Los Sorias, muy buscada y difícil de hallar. Y Laiseca acaba de participar de la antología de cuentos Vagón fumador, editado por Eterna Cadencia, con el relato “Mi prima histeriqueta”. En su pequeño departamento de planta baja en Caballito, sentado en su escritorio atiborrado junto a la cama donde descansan sus dos gatas, el autor cuenta ese cuento: “Es una chica que le rompe mucho las bolas a su primo. En realidad se llama Enriqueta, pero él le dice Histeriqueta, apasionadamente. Le rompe mucho las pelotas. Por ejemplo, estamos en un salón de cien metros, y ella está en el fondo y yo acá, y estoy fumando y se viene, se sienta a mi lado y empieza a abanicar el aire demostrando que le molesta el humo. Ella no sabe con quién se está metiendo, dice él; entonces la secuestra, le hace un lavado de cerebro. En fin. Termina siendo una historia de amor. Como todas mis obras. ¿Has leído mi Manual Sado Maso Porno?” Sí. Las enseñanzas de un tipo que empieza siendo un duro y termina sufriendo por amor. Es la historia de mi vida. Me pasó toda la vida lo mismo. ¿Encuentra noble sufrir por amor? Sí, es noble, pero además es inevitable, en mí por lo menos. No es una cosa que yo decida, no quiero sufrir por amor, pero pasa, es así, chau. La capacidad de sufrir por amor... Depende de tu capacidad para jugarte. Por lo que realmente vale la pena en esta vida. Y si el otro no se juega igual que vos, cagaste, te quedaste en pelotas en el medio del Sahara. Respecto del cigarrillo, ¿lo afecta mucho la prohibición de fumar en los lugares públicos cerrados? Me hincha bastante las pelotas. Sí, bastante las pelotas. La compulsión por la salud también es una enfermedad. Pero peor andan las cosas en el mundo. El tipo que inició esta manganeta fue Bush. “Dabeliú”, para los amigos. Ahora Hugo Chávez lo carga, y lo llama “el camarada Bush”, porque está interviniendo estatalmente, se ha vuelto más socialista que el PCUS. Interviene, desesperado. ¿En qué quedamos? Era lógico, uno tenía que haberse dado cuenta: empiezan las prohibiciones, seguro que se viene algo horrible. Es lo mismo que pasó allá con la Ley Seca: muy pocos años después vino la gran depresión. Más se jode con prohibiciones puritantas -porque ellos saben mejor que vos todo lo que a vos te conviene-, peor va andar la economía, no sé por qué extraña razón. Bush estuvo ocho años invadiendo países, exportando prohibiciones al cigarrillo, rompiendo las pelotas. ¿Qué te pasa, loco? Ahora se avivó de golpe de que no cuidó la economía. La economía está en llamas. ¿Le preocupa eso, la economía mundial? Sí, claro que me preocupa, si estoy viviendo en el mismo mundo. Te voy a confesar algo: yo, que en mis libros nunca hablo de lo social, siempre tuve una preocupación social. Y sinceramente, aunque yo tuviera un millón de dólares -que no los tengo, por desgracia-, igual me preocuparía, porque no me gusta ver sufrir a la gente. No me gusta que a los inmigrantes los echen de su trabajo, que se tengan que volver con una mano atrás y otra delante a México, a Nicaragua. No me gusta, no me gusta. Me preocupa la gente. Contó que cuando se ofreció como voluntario en la embajada estadounidense para ir a pelear a Vietnam, lo hizo pensando que esa experiencia le curaría el miedo... Sí, fue así. Yo he tenido mucho miedo toda la vida. Y ahí, si volvía, volvía sin miedo. Pero en la Embajada se rieron de mí. Hasta le mandé una carta al presidente Lyndon Johnson, que nunca me contestó. Ese rechazo fue muy duro. ¿Tenía también en aquel momento una lectura de lo que era esa guerra desde el punto de vista de su preocupación social? Mirá, yo siempre estuve en contra de la corriente. Todos mis amigos, mis mejores amigos, estaban en contra. Todos. Pero no me mandaban a la mierda, ¿sabés por qué? Porque me querían mucho. Todos mis amigos eran de izquierda, anarquistas, ácratas. Yo empecé en el anarquismo, no tenía participación política pero muchas coincidencias ideológicas. Con lo de Vietnam no me dieron una patada en el culo porque me querían muchísimo. Es que sabían que yo era un chico perdido en la noche. Igual que ellos. ¿Y actualmente en qué anda? ¿Está escribiendo? Sé que tenía en ciernes una novela sobre la guerra de Vietnam, La puerta del viento. Sí, ya sé. La puerta del viento. Lo que pasa es que me peleé con una novia que tenía que me estaba sacando los datos, los archivos, de toda la guerra, todos los diarios de la época. Y me sacó de los primeros años, ni siquiera llegamos a la ofensiva del Tet. Ahora voy a tener que ir yo a la Biblioteca del Congreso, no sé cómo voy a hacer, con esos aparatos, yo no tengo para fotocopiar, qué sé yo. Usted es estudioso antes de escribir, ¿verdad? Sí, muy estudioso. En Los Sorias estudié tanto... Libros de la Biblioteca del Oficial, de ciencias militares: pasaje de un curso de agua en presencia del enemigo, guerra de los blindados, los problemas de la artillería en nuestro siglo, cosas así. Yo tengo montones de esos libros, y a todos los estudié como si estuviera en el cuartel para ser oficial. ¿Pensando en la novela? Pensando en la novela, exactamente. Así es. ¿Los Sorias durante aquellos años le ordenaba la vida, era su centro? Así es, ni más ni menos. Cuando escribí La mujer en la muralla, he leído una cantidad enormes de libros sobre China. Para escribir La hija de Keops he leídos libros que solamente leen los egiptólogos y Laiseca. Porque son libros áridos. Las traducciones del idioma egipcio antiguo son literales, para que vos sepas cómo escribían. Cada vez que se nombra el nombre del faraón, no dicen “el faraón Keops”, no, no, dicen “el señor de los dos reinos, el señor de la tierra negra”. Todo así, un choclazo, cada vez que se lo nombra, siempre igual. Yo me lo leía todo aun sabiendo que era igual. Para entender la época. ¿O sea que usted tiene una metodología muy rigurosa para después delirarse con una libertad total? Ah, eso sí, eso sí. Pero las cosas que yo doy son verdaderas, los datos son auténticos. En un libro que se llama Las cuatro torres de Babel hay un combate en el Mar Muerto. El combate es un delirio, viste, porque las tropas del César luchan con aviones y cohetes. Sin embargo, la descripción de la geografía del Mar Muerto es exacta, porque para eso me leí un artículo gordo así que saqué de la Espasa Calpe. Los escritores ya no acostumbran a escribir sus novelas con tanto trabajo de investigación, ¿no? No, no. Hace poco le dije a una persona que Los Sorias es la última novela del siglo diecinueve, y no digo que sea mentira, es verdad, pero yo soy un poquito más antiguo que el siglo diecinueve, yo soy de la Edad Media. Cuando estudiaba astrología, no usaba esos papeles astrológicos que te los dan y no tenés más que hacer los dibujitos. No. Nosotros en la Edad Media, donde yo me crié, hacíamos las cosas de otra manera: una hoja en blanco, con un compás, un círculo, dividíamos en doce partes, así trabajaba yo, a la manera antigua. Y los cálculos, todos a mano, con lapicera y papel. No sacados con una computadorcita o esas boludeces, nosotros allá en el siglo doce no descubrimos las computadoras, que son uno de los cuatro inventos del Príncipe de las Tinieblas, junto a los celulares, las tarjetas de crédito y una marca de cerveza que no quiero mencionar. ¿Sobrevive desde la Edad Media gracias al vampirismo? Claro, sí, exactamente. Cada tanto tengo la dicha de encontrar alguna víctima que me dice: “Papito, estoy dispuesta a compartir con vos mis líquidos vitales”. Qué lindo momento. Es muy lindo momento, pero duran poco, ésa es la gran cagada. Después viene otra vez la soledad espantosa del vampiro. La soledad del vampiro es horrible. Triste la vida de Drácula. ¿Cuáles son las épocas que recuerda con más alegría? De las épocas que recuerdo con más alegría cabe decir el mismo comentario que respecto a la famosa edad dorada de la humanidad. Algunos dicen que nunca existió, otros dicen que sí: todos eran felices, había un pollo en cada sartén y un litro de vino en cada vaso. Yo digo que sí existió la edad dorada. Fue una época terrible, durísima, no lo que la gente imagina, pero fue una época que valía la pena. Lo mismo de mis épocas felices, fueron épocas muy duras, muy duras. Donde a mi relación con mi mujer tenía que defenderla como D’Artagnan. Pero valía la pena. ¿Defenderla ante qué? Ante sí misma. Las mujeres están muy locas, chamigo. Y a veces no se dan cuenta de que uno está a favor, no en contra. Ése es el problema. No es culpa de ellas. Yo siempre digo que a las madres habría que matarlas cuando son chicas. El problema es que siempre sos vos, tu mina y la madre de ella que está metida en el medio de la cama dividiendo. Yo siempre fui bígamo a la fuerza, con mi mina y su madre, creo que hasta cogen con uno esas viejas mal paridas. ¿Nunca le tocó una mina cuya madre hubiera muerto? Siguen vivas, las madres no mueren jamás. No mueren jamás. Mirá mi padre, por ejemplo. En teoría, el certificado de defunción de mi viejo dice que se murió hace treinta y cinco, vamos para treinta y seis años; está aquí. Si querés te lo presento, ¿querés charlar con él? Me encantaría. Bah, en realidad no sé... A mí no. Si está sentado ahí en la cama, ¿no lo ves? A este hijo de puta, que me hizo un daño incalculable. ¡Está ahí! ¿Todos los días? Sí, siempre. Y lo mismo les pasa a estas chicas con la madre. Es muy terrible pero es la verdad. Yo no lo inventé a este mundo, es así. Cambiando de tema: ¿Qué lugar ocupa en su vida su rol de maestro? Ya hace casi veinte años empecé con los talleres, por razones absolutamente mercenarias, necesitaba el dinero. De ninguna manera me imaginaba que me iban a dar muchísimo más. Los discípulos me hicieron crecer, me humanizaron. Porque cuando das talleres no podés ser buen profesor si no mirás a los otros. Y al mirarlos te comprometés; al mirarlos, cambiás. Los mirás a ellos pero cambiás vos también. Es un problema de mutua humanización. ¿Lo pone contento ver que sus alumnos van publicando y logran autonomía? Ya hay dos que han ganado premios (Leonardo Oyola el Hammett al mejor policial en castellano de 2007 por Chamamé, y Leandro Avalos Blacha el Estación Pringles por Berazachussetts). Por supuesto, qué te parece. Yo no saco Laisecas chiquititos. Son ellos. La gente tiene una idea equivocada, en general, de la relación del maestro con el discipulario. Sería un terrible fracaso que repitieran mi estilo. Podría sintetizar alguna enseñanza fundamental, que sepa que quiere dejar claro a todos sus discípulos. No, no se me ocurre una frase. Vivir más. Eso, para aprender a escribir: vivir más. Vivir es lo fundamental. ¿Sabés cómo termina el cuento “Mi prima histeriqueta”?: “Vivir es arrojarse con paracaídas desde un avión de combate sobre territorio enemigo?” . Eso es vivir.
Data Base Por haber escrito, durante diez años, la novela más larga de la literatura argentina -y la mejor desde Los siete locos a opinión de Ricardo Piglia-, Los Sorias, inédita luego por dieciséis, y por su modo de vida, austero, excéntrico, organizado radicalmente en pos de su propio universo creativo, Laiseca -nacido en Camilo Aldao, provincia de Córdoba, en 1940- ya era culto antes de que sus participaciones televisivas (contaba cuentos de terror en I-SAT y presentaba películas del mismo género en Retro) masificaran su estampa, única como su línea estética, bautizada por él mismo como “realismo delirante”. |
|
| Envianos tus comentarios |
|
| Comentarios (1) |
| Carlos Layseca Torres |
saludos desde Irapuato, guanajuato mi nombre es Carlos Layseca Torres, Periodista y escritor, saludos al pariente a mi tambien me hinchanlas pelotas con eso de queno nos dejan fumas |
| 23/04 16:07 |
| |
|
Denunciar abuso |
|
|
|
| Escribir comentario |
|
| IMPORTANTE: Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de las sanciones legales que correspondan. |
|
|
|
 |
| Más leídas |
Más recomendadas |
Más comentadas |
|
|