Actualizado: 23:25 - Martes 09.03.2010
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Papel Prensa, pasado y presente
Por Néstor Leone La ominosa historia de la empresa que tiene como socio mayoritario al Grupo Clarín
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Casi como una metáfora de la manera en que se consolidan ciertos poderes fácticos o se adquieren determinados derechos en nuestro país. Así puede leerse hoy la historia de Papel Prensa, la planta productora del insumo básico de los diarios, monopólica en su rubro. Atravesada por una faena engorrosa de venias políticas y favores económicos, algunos más impúdicos que otros, más una cuota importante de tragedia, la empresa puede considerarse un signo de estas últimas cuatro décadas. Con empresarios que saben de prebendas y hacen usufructo de ellas, y con un Estado más bien incompetente que, cual socio bobo, financia las ganancias de sus pares privados en perjuicio de otros actores y, en definitiva, del resto de la sociedad.
Papel Prensa es eso y, además, la empresa que nació a fines de los sesenta para sustituir importaciones y quedó convertida en un coto de exclusiva propiedad de un selecto grupo de empresarios que hizo y deshizo a su piacere. Es eso, y es la empresa que pasó de ser un intento de resolver el principal cuello de botella de los diarios, a una nueva modalidad de cerrojos y elemento de presión. Es eso, y es la empresa que creció para satisfacer una necesidad ligada a promover la libre circulación de ideas y pensamientos, y terminó convertida en piedra basal del poder concentrado de un grupo económico. 
Del poco claro Fondo para el Desarrollo de la Producción de Papel y Celulosa, que creó la dictadura de Juan Carlos Onganía para financiar el proyecto, a la primera adjudicación de Alejandro Lanusse a la Editorial Abril. De la decisión de José Ber Gelbard de interceder en favor de David Graiver, a la vinculación de éste con la organización Montoneros. Todo eso contribuyó a darle al proyecto, desde su prehistoria, un halo de hecho enrevesado, sombrío y de intereses ocultos. Pero nada hizo más por hacer más farragoso todo lo que vino después, con el terror de la dictadura de por medio, la apropiación indebida de derechos empresarios como factor necesario y una trama compleja de presiones y acuerdos mal habidos como telón de fondo, que se proyectan como situación inmodificable hasta hoy. A continuación, algunos mojones de esa historia. 

EL TERROR
La planta, como tal, nació como una sociedad entre el Estado y la familia Graiver, durante el tercer peronismo, aunque se desarrolló a partir de la última dictadura. Y se hizo posible con el traspaso forzado de acciones de la familia Graiver a sus nuevos dueños, cuando aquélla estaba detenida y siendo “juzgada” por un tribunal militar.
Es cierto, primero hubo un intento formal de comprar las tan codiciadas acciones A de la empresa, no bien se conoció la muerte de su propietario, David Graiver, en un misterioso accidente de aviación, en México, en agosto de 1976. Estuvo a cargo de la Junta Militar que, a través de algunos enviados, “le sugirió” a la familia que vería con agrado que los Graiver transfirieran su parte de Papel Prensa. Pero luego siguieron otras metodologías y otros actores, incluidos los propios empresarios de medios interesados en el negocio del papel. De hecho, como lo reconoció Osvaldo Papaleo a Debate (ver aparte), su hermana Lidia, viuda de Graiver, fue secuestrada pocas horas después de que tuviese una reunión en las viejas oficinas de La Nación, en la calle Florida, con la plana mayor de estas empresas.
Al poco tiempo fue detenida casi la totalidad de la familia, y un tribunal de guerra “condena” a sus integrantes sobre la base de declaraciones arrancadas bajo tortura en el Pozo de Banfield y en el Puesto Vasco, de Bernal, mazmorras bonaerenses de Ramón Camps. En esas mismas sesiones de torturas, se sabe, murió Jorge Rubinstein, que había sido una de las manos derechas de Graiver y era cuñado del sucesor de Gelbard al frente de la CGE, Julio Broner. Pero se sabe menos que unos y otros fueron torturados con más saña por su origen judío. Los bienes de los Graiver, por supuesto, quedaron interdictos por la Comisión Nacional de Recuperación Patrimonial para ser aprovechados por amigos de la dictadura.
Sin los Graiver de por medio, La Nación, Clarín y La Razón llegaron con cierta facilidad a hacerse de las acciones de la empresa. El pago se hizo con poco efectivo y mucho papel pintado, más una serie de préstamos preferenciales del Banco Nacional de Desarrollo (Banade), que les había facilitado la dictadura. Además, las empresas involucradas se aseguraron de que el Estado no realizara ningún estudio técnico para averiguar cómo financiarían el proyecto ni que se pidieran avales de patrimonios personales para acceder a esos créditos. Como puede verse, un empujoncito estatal para contraer los tan mentados derechos adquiridos sobre la planta. La foto histórica del brindis entre Ernestina Herrera de Noble, dueña de Clarín, con Jorge Rafael Videla, dueño de la vida y la muerte de los argentinos, el 27 de setiembre de 1978, durante la inauguración de la planta de San Pedro, parece el documento más contundente de este acuerdo.
Sin embargo, fue una conferencia de prensa, en la sede de Adepa (Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas), la que sirvió para que los tres diarios informaran acerca de la compra del paquete mayoritario de Papel Prensa. La entidad, por supuesto, no sólo prestó su casa sino que también avaló con bríos la iniciativa, a la que consideraba “sin precedentes en la prensa nacional”. Además, se congratulaba “ante la posibilidad abierta para todos los diarios asociados, merced al esfuerzo de tres de ellos, comprometidos en la solidaridad profesional”. Y, por si fuese poco, equiparaba ese traspaso con los intereses de la República, como habitualmente gustaban hablar los militares y sus socios civiles, justo en momentos en los cuales la República estaba más ausente. Para curiosos e incrédulos, la declaración puede consultarse en los diarios de la época y en el libro de José Ignacio López El hombre de Clarín, una especie de biografía laudatoria y condescendiente con Héctor Magnetto, CEO del Grupo.
Por esa época, las Fuerzas Armadas no sólo ya habían intervenido La Opinión, el competidor que más lectores le había sacado en los últimos años a Clarín, sino que también había desaparecido una cantidad importante de periodistas entre los que se contaban a Edgardo Sajón, que no pudo superar la tortura, o Jacobo Timerman, director del diario intervenido. Y no faltaría mucho para que la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) expresara sus “graves reservas” sobre el proyecto de Papel Prensa, tanto por la forma en que la habían adquirido como por lo que ello implicaba. Ni tampoco para que la propia Adepa condenase públicamente el otorgamiento del premio Maria Moors Cabot, que homenajeaba a los periodistas presos y desaparecidos y que Timerman recibió en nombre de ellos.  
Pero eso no fue todo. Como plus, el jefe de asesores del Ministerio de Economía e integrante del cenáculo golpista conocido como Club Azcuénaga, Luis García Martínez, permitió que el papel fuese uno de los pocos insumos exceptuados de la política de apertura irrestricta de entonces. Por lo tanto, no sólo la empresa se fortaleció rápidamente sino que, también, los competidores de los tres diarios propietarios de la empresa no pudieron aprovechar un recurso que les hubiese abaratado el papel. Ahí sí la protección a la industria nacional fue bandera política. 
 
EL USUFRUCTO
“Durante diez años se le cobró un impuesto a todos los diarios argentinos para montar una fábrica de papel y los militares, finalmente, se la regalaron sólo a tres.” Quien dijo esto y lo publicó más de una vez fue el periodista Julio Ramos, fundador de Ámbito Financiero y antiguo redactor de Clarín. Se lo puede leer, por ejemplo, en Cerrojos a la prensa, el libro que editó en 1993 y donde denuncia el poder concentrado del Grupo, cuando era mucho menos de lo que hoy es. La frase se refería al Fondo para el Desarrollo de la Producción de Papel y Celulosa, que había creado el gobierno de Onganía, en agosto de 1969, y con el cual se gravaba con un diez por ciento el precio del papel que entonces se importaba con el objetivo de reunir los fondos necesarios para montar lo que luego fue Papel Prensa. Y ponía en cuestión la apropiación de la empresa en manos de Clarín y sus socios. Pero la frase no termina ahí. Acto seguido, Ramos se embronca más: “Y luego nos elevan el arancel un 48 por ciento para que no haya otra escapatoria que comprarle a ellos”.
Está claro, el fortalecimiento de Clarín como factor de poder se consolida hasta niveles nunca antes vistos por un medio a partir de este traspaso forzado de Papel Prensa a su cartera de pertenencias. Resuelto el problema del papel para sus publicaciones, uno de sus mayores dolores de cabeza y habitual causa de endeudamiento, la empresa se convirtió en punta de lanza del conglomerado en construcción. Ya Clarín se había convertido en hábil interlocutor del sentido común argentino y, con una posición más consolidada en términos operativos, no tardó en sumar negocios y convertirse en multimedios. La cesión de la licencia de Radio Mitre, durante el gobierno de Raúl Alfonsín, fue un paso que fortaleció su peso pero, sobre todo, fue una muestra acabada del poder de lobby que adquiría y que consolidaría de manera exorbitante durante el menemismo, con nuevas porciones de la gran torta de Papel Prensa, hasta llegar al 49 por ciento que ostenta actualmente.
El libro de Ramos grafica la metodología empleada por Clarín y cómo era modelo de negocio que reproducía con otros medios, con precios y distribución discrecional. El caso de Crónica, de Héctor Ricardo García, fue el más evidente en cuanto a perjuicio, pero estuvo lejos de ser el único. Condenados a la dependencia en la compra de bobinas o a la importación onerosa, muchos diarios fueron perdiendo peso a favor del creado por Roberto Noble. Ramos habla de la capacidad que tenía el diario para asfixiar a través del papel y de la decisión que obligaba a sus rivales a ser cautelosos frente al nuevo pope. Pero no es Ramos quien lo confirma sino la misma empresa. De hecho, Papel Prensa presume de vender ese insumo a 170 diarios del país, en otra confesión de su poderío. 
La nota de Jorge Fontevecchia, presidente de la Editorial Perfil, en la edición de su periódico del sábado 10, muestra hasta dónde llega ese poderío, a partir de una especie de juego: cuánto incidiría en el Grupo quedarse sin esa fuente generadora de insumos y posicionamiento favorable en el mercado. “Si Clarín no tuviera Papel Prensa, gastaría diez millones de dólares más en papel por año por mayor precio”, sostiene. Y luego analiza el mercado del papel en la actualidad en relación con el pasado. Dice que hoy no tiene la ventaja competitiva que en las tres décadas anteriores, por la caída de su precio internacional y la caída del consumo. Pero dice también que la empresa es un arma lo suficientemente importante para asegurarle su predominio en el mercado.
Un predominio que ya lleva 32 años.


La cuestión ecológica
Papel Prensa hace rato que está en la mira por su grado de contaminación ambiental. Más aun desde que se desató el conflicto con Uruguay por la radicación de la pastera finlandesa Botnia en Fray Bentos, frente a la ciudad de Gualeguaychú. Pero el tema también ha seguido el pulso del conflicto creciente entre el Grupo Clarín y el Gobierno, socios en la empresa. Sucedió el año pasado, durante el conflicto con el “campo” y volvió estos días a partir de algunos rumores sobre el futuro de la empresa.
Uno de los puntos críticos del conflicto es la negativa de Papel Prensa a adaptarse al Plan de Reconversión Industrial de Papeleras y dejar de utilizar los métodos tradicionales (y altamente contaminantes) para llevar adelante su producción. Según pudo saberse, en el expediente se acumulan informes que demuestran que los límites de contaminación exceden diez veces lo permitido, y que ha sido afectada la fauna ictícola de la zona.
Fue lo que denunció el intendente de Baradero, Aldo Carossi. “No tienen planta de tratamiento de residuos y están haciendo un daño terrible. Los líquidos que vierten sobre el río contaminan y afectan directamente al partido de Baradero”, aseguró. Mientras tanto, la causa permanece en el juzgado federal de San Nicolás, a cargo de Carlos Villafuerte Russo. Papel Prensa está denunciada por infracción de la Ley 24.051, de Residuos Peligrosos.
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Comentarios (3)
gerardo pierantoni Hablan de autoritarismo en el gobierno K, Clarín que tiene todo una historia de complicidad con la dictadura, mientras masacraban a intelectuales como Rodolfo walhs hacían negocios con videla y PAGABAN CON SILENCIO
20/10 22:02
 
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jonacito debemos dejar al descubierto a estos y ponerlos en el ridiculo ,como ellos hicieron con nosotros,alguien debe empezar a marcarles la cancha para terminar con la burla.
19/10 14:54
 
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jonacito se desnuda al multimedios ,se empieza a allanar el camino para que todos sepamos como nacio,ser hijo de la dictadura como lo es el multi ,deja al descubierto ,las argucias mediaticas de los inmundos mediateros ,sus limites,somos nosotros.
19/10 14:51
 
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