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| La Presidenta en Naciones Unidas |
| Por Marcelo Capurro Sociedades decentes, sociedades justas, Israel y el drama palestino. |
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En su discurso ante la Asamblea
General de las Naciones Unidas (ONU), el miércoles 21, la presidenta Cristina Fernández confirmó el voto favorable de la Argentina para que Palestina pase a ser el país miembro número 194 de la organización internacional. Según la Presidenta, cuando ese objetivo se haya alcanzado, viviremos “no sólo en un mundo más seguro sino también en un mundo más justo.” La afirmación no es, por cierto, sólo retórica. Que el mundo sea más seguro -una aspiración más que válida y cuya concreción beneficiaría a todos- suele ser una expresión de deseos de las naciones del hemisferio norte. Hoy, la inseguridad afecta a todos pero, principalmente, a los intereses de los poderosos. El reclamo de un mundo más justo suele provenir, en cambio, de aquéllos que son vecinos del dolor, de la miseria, de los más próximos a las realidades cotidianas de los ofendidos y los humillados. Hay excepciones pero, en general, las conciencias del Norte se han encallecido demasiado como para considerar la perentoriedad que exigen el hambre, la enfermedad y la indigencia. Por eso, las palabras de Cristina Fernández conmovieron a buena parte de ese auditorio multiétnico y multitodo. Fíjese el lector en que la Presidenta no ha convocado a protestas ni a levantamientos sino que, por el contrario, buscó instalar la necesidad de vivir en un mundo que camine pacíficamente hacia la justicia. Acertadamente, también señaló que “impedir que Palestina forme parte de esta Asamblea es darle una coartada a los terroristas.” Plantearse una sociedad más justa incluye, como primer paso, el objetivo menos ambicioso que desarrolló el filósofo israelí Avishai Margalit en su libro La sociedad decente. Es probable que la Presidenta lo haya leído. Margalit sostiene que una sociedad decente es aquélla en la cual las instituciones no humillan a las personas sujetas a su autoridad y cuyos ciudadanos no se humillan unos a otros. Quien siga más o menos de cerca esa realidad, dentro y fuera de las zonas que hoy controla la Autoridad Palestina (AP), sabe claramente que el párrafo anterior es un traje cortado a medida sobre el cuerpo de cualquier palestino. Ese pueblo ha transitado todo lo imaginable en materia de humillaciones y vejámenes. Es un orgullo sentir que la Argentina tomó partido, sin vueltas, por un camino que conduzca a la solución definitiva del tema. Es probable que falte mucho. Pero, para un palestino, no será lo mismo recorrer ese camino, por durísimo que sea, si es considerado por Israel una especie de okupa, que si su nación reviste, en la ONU, estatus de Estado observador no miembro, que es lo más probable que suceda. Mientras tanto, a partir de afirmaciones públicas como, por caso, las de la presidenta argentina, este año será registrado, seguramente, como el de una nueva puesta en valor del tema palestino a nivel mundial. Todos los esfuerzos realizados por quienes han defendido públicamente en ese foro los derechos palestinos a recuperar las fronteras anteriores a la Guerra de los Seis Días, en 1967, merecen el reconocimiento serio de la gente de paz. El día que partan las tropas de ocupación de la Fuerza de Defensa Israelí, sea cuando fuere, marcará el principio del fin del drama palestino.
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| Comentarios (1) |
| Maria |
Excelente la nota, el discurso de la Sra. Presidenta; lástima que en el día de ayer como respuesta al pedido de reconocimiento de Palestina ocupando el asiento 194, Israel comenzará a realizar 1100 viviendas en territorio perteneciente a Palestina. |
| 28/09 00:04 |
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