Actualizado: 03:11 - Jueves 23.02.2012
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“No habrá denuncia de colonialismo sobre Malvinas que dejemos de hacer”
Por Néstor Leone El canciller Héctor Timerman analiza los avances argentinos en el conflicto por 
las Islas, las muestras de solidaridad internacional y las actitudes de Gran Bretaña.
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Recién llegado de Centroamérica, donde recibió muestras concretas de solidaridad hacia la causa de soberanía argentina sobre las Islas Malvinas, el canciller Héctor Timerman recibió a Debate para trazar un cuadro de situación sobre la disputa con Gran Bretaña. Sostiene que la reacción intempestiva del gobierno de David Cameron (llamó colonialista a los reclamos de nuestro país) muestra los avances logrados por la diplomacia argentina, considera una gran victoria de la solidaridad latinoamericana el hecho de que Gran Bretaña no pueda usar la bandera de las islas e insta a Londres a cumplir con las resoluciones de las Naciones Unidas.

¿En qué estadio está la discusión por la soberanía de Malvinas? La solidaridad regional con nuestro país y la reacción extemporánea de David Cameron parecerían marcar un avance significativo.
La solidaridad que tenemos de parte de América Latina desde hace muchos años se está convirtiendo en hechos concretos. Y a medida que Gran Bretaña toma más acciones coloniales esa situación colonialista, precisamente, queda más en evidencia. Pero la solidaridad no es sólo de América Latina, sino también de muchos otras regiones del mundo. China es un país que abiertamente ha declarado su posición favorable a nuestra soberanía. También países de Europa, principalmente del Este, de Asia, de África y hasta el Caribe anglófono… Gran Bretaña ha reaccionado, luego de muchos años de estar en silencio, porque ve un crecimiento de la demanda mundial para que se solucione el caso Malvinas de una forma pacífica y mediante negociaciones, como dicen las Naciones Unidas.

¿A qué le adjudica esa especie de tránsito de lo “discursivo” a lo “concreto” que usted observa en el apoyo a la posición argentina?
Malvinas es hoy una cuestión colonial de interés no sólo en términos de soberanía territorial, sino también en términos de recursos naturales, un tema que está en plena discusión a nivel mundial. Hay muchos países que tienen propiedad sobre recursos naturales muy ricos que están atemorizados frente a potencias que podrían usurparlos sólo porque tienen mayor fuerza militar. En el contexto de esa discusión, muchos países notan un avasallamiento de doble sentido muy peligroso. Miremos América del Sur: es uno de los lugares con más agua, petróleo y tierras cultivables del mundo...

De alguna manera, sentar precedentes para lograr una nueva relación de fuerzas a nivel global.
Exacto. Se están tomando acciones preventivas, hoy por Malvinas, pero que sientan precedentes para ofrecer una mayor protección de los recursos naturales en otros lugares del continente o del mundo.

¿Qué otros factores tienen que darse para se reabran, finalmente, los ámbitos de negociación, de manera franca y abierta?
Nosotros estamos totalmente dispuestos a sentarnos a conversar, negociar y cumplir con los mandatos emanados por las Naciones Unidas durante tantos años. Hay que recordar que, desde 1965, la ONU ha interpretado que se tiene que llevar adelante una negociación entre ambas partes por una cuestión de colonialismo. Pero, evidentemente, Gran Bretaña aún no ha querido aceptar nada. Está envuelta en una cerrazón, que situaría a partir de 1975, cuando empezaron a evaluar la posibilidad de que hubiera petróleo en las Malvinas.

El petróleo cambió el eje de la consi-deración.
La consideración de ellos, no la nuestra. Nuestra petición es anterior, pero eso cambió las cosas, es cierto.

¿En qué sentido concreto, por ejemplo?
Hasta 1975, Gran Bretaña estaba negociando con la Argentina un traspaso de soberanía. Está en los documentos de la época. Incluso, fue un tema abordado por el general Perón, en su momento. Cuando se habla de la posibilidad de que haya petróleo la cosa cambia. Ahora, la cuestión es: si el petróleo puede echar atrás una negociación e invalidar decisiones de las Naciones Unidas, puede hacer que muchos recursos de otros países, que no son potencias militares, también corran peligro.

Para definir la estrategia argentina respecto de Gran Bretaña y de las islas, se utilizó la palabra “cercar”…
Pero no corresponde. Es falso. No se puede cercar a una isla que tiene acceso de múltiples formas. Además, la Argentina no ha hecho ningún acto para cercarla. A tal punto que nuestra Constitución, dentro de las cláusulas que tratan sobre Malvinas, habla del respeto que se debe tener respecto de los actuales habitantes de las islas.

Si “cercar” no es la estrategia, sí lo es mostrar la ilegitimidad británica y sus incumplimientos ante el mundo.
Sí, claro. La posición argentina, en todo momento, es mostrar que esto es colonialismo y remarcar que, desde que se fundaron las Naciones Unidas, fundamentó reservas sobre la situación de Malvinas. Hay que recordar que Gran Bretaña, en esa ocasión, inscribió a las Malvinas como un territorio no autónomo, como una colonia. Es decir, las posiciones de las dos partes están claras. Es por eso que en 1965, las Naciones Unidas deciden que sean esas dos partes, y sólo esas dos partes, las que tengan que discutir la resolución pacífica del problema. Pero, en verdad, éste es un problema que nace en 1833. Antes de esa fecha, Gran Bretaña reconocía la soberanía argentina y no dejó asentado ningún cuestionamiento a la soberanía argentina sobre ninguna parte de su territorio. Lo reconoce, sin reservas. Es como si hubiesen pedido el reconocimiento británico del Chaco… Es lo mismo. Las Malvinas eran entonces y siguen siendo ahora parte integrante del territorio argentino. Lo que sucede es que están ocupadas, militarmente, desde 1833, por Gran Bretaña.

En los días pasados, hubo respuesta de los kelpers. Manifestaron su preocupación ante la ofensiva argentina (así la llamaron) y tomaron nuestros reclamos como una “amenaza”. ¿Qué se les contesta?
¿Cómo puede haber una amenaza si los únicos que convocan al Consejo Nacional de Defensa, hablan de enviar submarinos nucleares y hacen ejercicios navales en la zona de Malvinas son ellos? La Argentina no ha tenido ninguna acción hostil contra el territorio de Malvinas. Sí protege los recursos naturales, en la medida que puede, que están en ese territorio. Le puedo asegurar que no habrá ninguna acción de defensa de los recursos naturales y denuncia de colonialismo que dejemos de hacer. Siempre por la vía pacífica.

Los kelpers dicen: “No hay ni una persona que quiera ser argentina”.
Me parece perfecto. Lo que sucede es que ese no es el punto en cuestión. También es cierto que no permiten que ciudadanos argentinos vivan en Malvinas. Por lo tanto, es muy difícil que haya alguien que quiera ser argentino, si cuando se reconocen argentinos los expulsan. Hay ciudadanos que nacieron en Malvinas y optaron por vivir en el continente porque allí no podían ejercer sus derechos argentinos. Pero también es imposible, para un argentino, abrir un negocio, comerciar, estar más tiempo de lo que puede estar un turista… También es cierto que hay más británicos viviendo en la provincia de Buenos Aires que en las islas. Si esos británicos no quieren ser argentinos, es un problema de ellos, pero eso no cambia la situación ni implica negar derechos de soberanía del país.

De alguna manera, el propio Reino Unido, en su defensa, invoca el status colonial: dice que los isleños quieren seguir siendo británicos. Es decir, no constituyen un pueblo. Y, por lo tanto, no pueden invocar su autodeterminación.
Sí, es así. En el caso de Hong Kong nadie les preguntó a sus habitantes qué querían ser, si británicos o chinos. No eran parte del conflicto. Fueron considerados objetos del conflicto, no sujetos. Las Naciones Unidas, en nuestro caso, ya determinó de manera muy clara que los únicos sujetos del conflicto somos los argentinos y el Reino Unido, a tal punto que en el Comité de Descolonización solamente pueden hablar las dos partes. Los demás hablan como amigos o aliados de las partes, ya fuere la diplomacia venezolana o china, los habitantes actuales de las islas o los descendientes de los argentinos que fueron expulsados.

De ahí la importancia de la restricción a circular con bandera de las islas, como si fuese un pueblo autónomo.
Ése es un tema insuficientemente valorado. Se ha dicho, al respecto, que pueden cambiar de bandera y listo. No, señor. El hecho de que sigan utilizando la bandera de Malvinas es reconocer la potestad de las autoridades de la isla como autoridades que puedan emitir documentación aceptada por terceros países. Ningún país puede aceptar documentación de las islas porque es una documentación otorgada por un agente colonial ilegal y que las Naciones Unidas no aceptan. De ahí la importancia de que los países del Mercosur y de la Unasur hayan rechazado el ingreso de buques con esa bandera. No es un detalle menor. Es una gran victoria de la solidaridad latinoamericana.

¿Qué importancia tiene el Tratado de Lisboa, firmado en 2009, que reconoce que las Malvinas forman parte de la “región ultraperiférica de la Unión Europea”?
A los efectos de la soberanía, ninguno. Incluso, la Unión Europea ha dicho muchas veces que ellos no toman parte respecto de la soberanía. Lo mismo, Estados Unidos. No reconocen la soberanía británica hasta tanto no se resuelva el conflicto entre la Argentina y Gran Bretaña. No hay ningún país que públicamente reconozca la soberanía británica sobre las islas. Ninguno. Claro, que no sea parte o colonia de la corona británica. Ni los países anglófonos del Caribe, que conforman el Celac (ndr: Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) y firmaron el documento por la resolución pacífica entre las partes, lo reconocen.

¿Cómo leer las señales del gobierno de Barack Obama, dados los fuertes lazos históricos entre ambas naciones?
Lo que sucede es que la posición británica resulta insostenible. Y, además, hay una unidad latinoamericana muy fuerte. Es muy difícil apoyar la posición de un país que, desde 1965, ha sido acusado por las Naciones Unidas de estar cometiendo un acto colonial. Es muy difícil brindar solidaridad ante esa situación. Repito: no hay ningún país independiente del mundo que haya dicho que las Malvinas son británicas.

Estamos frente a fechas resonantes, significativas. En abril próximo, los treinta años del inicio del conflicto armado. Y el año próximo, los 180 años del inicio de la ocupación británica. Se supone que se vivirá el tema Malvinas de manera más intensa.
No necesariamente; sobre todo, si se tiene en cuenta el carácter consecuente de la posición del gobierno argentino, la persistencia y la antigüedad del reclamo.

¿Se puede tensar aún más la relación?
No, no es nuestro objetivo. Nuestra posición es la de siempre. Estuvimos en contra de todos los colonialismos que hubo en el mundo, desde Argelia a Vietnam, y a favor de los procesos de descolonización. Falta resolver la cuestión Malvinas. Somos un continente parido por la lucha contra el colonialismo. Nos identificamos con esa lucha, punto. No importa si se cumplen veinte o treinta años de un hecho. Son derechos que exigimos y asumimos porque nos corresponden, para que la Argentina esté territorialmente integrada y los recursos estén en manos del pueblo argentino. Sí dejamos en claro que somos herederos de una posición de rechazo al colonialismo que comenzó el mismo mes de ocupación británica, en 1833, con una protesta en Londres contra ese avasallamiento. Gran Bretaña tiene en su poder, desde hace 179 años, parte del gobierno argentino.

¿Qué pasa o qué conoce que pasa hacia el interior de la sociedad británica? ¿Cambió la perspectiva respecto de décadas anteriores? ¿Es un tema que se estudia en Cancillería?
Sí, hemos hecho estudios sobre la reacción de la sociedad británica y vemos que hay un gran desinterés, pero, al mismo tiempo, hay un fuerte lobby de la parte más conservadora de la sociedad británica. Pero no es un sentimiento masivo, como el que existe en la Argentina. Inglaterra, en pleno siglo XXI todavía tiene diez enclaves coloniales en el mundo, de los dieciséis que existen, de acuerdo a las Naciones Unidas. Obviamente, para ellos Malvinas es una colonia más. No es algo sobre lo cual se pueda leer en el diario todos los días. Hay un sector muy conservador, muy nacionalista, y que aún mantiene el espíritu imperial. Viven del pasado y todavía recuerdan la India como si fuera parte de su imperio…

Y, dentro de ese lobby, se le agrega también el de los intereses pesqueros y petroleros.
Ahora se le suman esos intereses, claro.

Mencionó antes la situación de Hong Kong como antecedente. ¿Qué evaluación hace de esa experiencia?
La mención la hago a los simples efectos de decir que Gran Bretaña no tomó en cuenta la opinión de quienes habitaban Hong Kong a la hora de decidir su traspaso a China. Pero no hago comparaciones de ese estilo. Lo único que digo es que Gran Bretaña no dice la verdad cuando asegura que ningún isleño quiere ser ciudadano argentino. Muy difícil es que esto suceda cuando han vivido toda su vida, desde 1833, aislados de la Argentina por decisión de Gran Bretaña. Las Naciones Unidas no contemplan a los habitantes de la isla como parte del conflicto. Son una población trasladada. Claro, esos habitantes no quieren volver a la situación original, porque supondría cuestionar su situación, porque quedaría claro que fueron llevados por la potencia colonial.

China obtuvo una “administración especial” a partir de 1997, cuando dejó de ser colonia británica. ¿Se podría pensar en una “administración especial” para las Malvinas?
No voy a hacer una especulación de ese tipo, porque no me corresponde. Lo único que digo es que la Argentina está dispuesta a sentarse con Gran Bretaña y seguir las recomendaciones y resoluciones de las Naciones Unidas.



La relación con Estados Unidos

Parece existir un vuelco en la relación con Estados Unidos. Por lo menos, así se ha interpretado en algunos ámbitos.
Es una interpretación de los periodistas, nada más. Nosotros tenemos una buena relación con Estados Unidos, sobre la base de muchos acuerdos y algunas diferencias. Cada tanto se lanzan estas ideas de que habría renovación, relanzamiento… Como si ésa fuese la forma de concebir una relación entre dos países autónomos y soberanos. Las relaciones no se relanzan, está claro. El presidente Barack Obama, hace poco, pidió una reunión con la Presidenta; se le concedió y puedo asegurarle que fue un encuentro muy provechoso, donde se hablaron cuestiones que ocupan a ambos países. Nosotros planteamos nuestras inquietudes y ellos plantearon las suyas, todo dentro de un ámbito muy correcto y muy cortés.

La ley antiterrorista, por ejemplo, fue leída dentro de esa lógica de giro o de cambio en la relación.
La Presidenta no toma las decisiones de esa manera. Ni la Argentina sanciona leyes por imposición de nadie. Es una lectura, como la del relanzamiento, más bien lineal y equivocada. Si hay un gobierno que ha demostrado que sigue el curso que cree que tiene que seguir para el bienestar de su población es éste. También fui periodista y sé que siempre hace falta un buen título y sé que esta idea tiene más peso para titular, pero no se condice con la realidad.
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Comentarios (1)
gerardo pierantoni Hay que reconocer, tienen que ser justos en reconocer, que la política internacional del país, es buena, ni relaciones carnales, ni chavismo, autonomía estratégica. INglaterra, después de años de silencio, ha tenido que salir a hablar, aunque no lo quieran, y avanza su aislamiento dipolomático. El único que no lo entendió es PINO que confunde banderas nacionales con trapitos de Mauricio, está tan jugado en su cruzada antiminera que no acepta otro debate por la soberanía que no sea el cerro Famatina.
31/01 11:53
 
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